Hay un momento en el que parece que ya lo hemos visto todo. Postres imposibles, colores flúor, torres infinitas de nata, cruasanes gigantes… Y, sin embargo, cada temporada surge algo que vuelve a dejarnos con la boca abierta. Ahora no gana el que hace el dulce más grande, sino el que consigue que dudes de lo que estás viendo. Porque si algo funciona hoy en día es el factor sorpresa. Y los locales que entienden eso no solo llenan sus mesas, también llenan las redes sociales, con el valor que hacerse viral tiene hoy en día. La nueva obsesión dulce son tartas con forma de fruta tan realistas que cuesta creer que se puedan cortar con cuchillo o hincarle el diente directamente. Limones brillantes, pistachos perfectos, manzanas con rabito, fresas aterciopeladas… que en realidad son mousse, cremas y bizcochos milimétricamente trabajados.

El capricho hecho arte

La técnica para crear estas pequeñas obras de arte comestibles no es nueva. El trampantojo —o trompe-l'œil, en francés— nació en el arte para engañar al ojo y hacer que algo plano pareciera tridimensional. Pinturas que parecían esculturas, techos que parecían abrirse al cielo o columnas que no existían. El objetivo siempre fue el mismo: provocar asombro. La cocina tomó prestada esa idea hace años, pero ahora vive su momento más dulce. En pastelería, el trampantojo se ha convertido en una disciplina casi escultórica. Moldes precisos, baños espejo, aerógrafos alimentarios y capas perfectamente calculadas permiten crear piezas que parecen frutas reales, pero que en realidad esconden estructuras complejas.

Lo interesante es que no todos los trampantojos son iguales. Y ahí está parte de su éxito. Hay, al menos, dos grandes enfoques dentro de esta tendencia. El primero juega con el contraste total. La tarta parece una cosa… y es otra completamente distinta. Por ejemplo, un limón que en realidad es una mousse de coco y chocolate blanco. O una manzana que por dentro es una combinación de frambuesa y vainilla. Aquí el impacto es doble: visual primero, gustativo después.

Pastissets en forma de fruita Foto anne wilmet patisserieprivee
Pastelitos en forma de fruta. / Foto: Anne Wilmet Patisserieprivee

Uno de los locales que más viral ha logrado hacerse gracias a estos postres es Fresh House

El segundo tipo es todavía más interesante desde el punto de vista gastronómico. La forma coincide con el sabor, pero este se lleva al extremo. Si parece un pistacho, sabe intensamente a pistacho. Si parece una fresa, la fresa es protagonista absoluta. No es solo estética, es concentración de sabor. Una tarta con forma de pistacho, por ejemplo, no se limita a aromatizar la crema. Lleva pasta pura de pistacho, trozos tostados, capas que refuerzan su perfil y un equilibrio pensado para que cada bocado recuerde al fruto real, pero multiplicado. Es una versión mejorada de lo que promete.

Efecto viral

En redes sociales ya circulan vídeos de escaparates enteros dedicados a estas frutas dulces. Pastelerías que exponen limones, avellanas o mangos que parecen recién traídos del mercado, pero que al cortarlos revelan capas milimétricas de bizcocho, gelificados y cremas ligeras. Uno de los locales que más viral ha logrado hacerse gracias a estos postres es Fresh House (C/ d’Anselm Clavé, 19. Mollet del Vallès) pero no es el único que te dejará con la boca abierta.

En un momento en el que el comensal busca experiencias memorables, estos postres cumplen todos los requisitos. Son bonitos, son virales y, cuando están bien hechos, son deliciosos

Podría parecer que todo esto es puro espectáculo. Y, en parte, lo es. Pero reducirlo a una moda visual sería injusto. Detrás hay técnica, precisión y una búsqueda clara: sorprender sin descuidar el sabor. En un momento en el que el comensal busca experiencias memorables, estos postres cumplen todos los requisitos. Son bonitos, son virales y, cuando están bien hechos, son deliciosos. Quizá por eso están triunfando. Porque combinan algo muy actual (la necesidad de impactar en redes) con algo muy antiguo: el placer simple de descubrir que lo que parecía una cosa es, en realidad, otra. Y en ese juego entre lo que vemos y lo que probamos, la pastelería ha encontrado un nuevo terreno donde brillar.