Cocer pasta parece una de las cosas más sencillas de la cocina, pero pequeños errores pueden cambiar completamente el resultado. Jordi Cruz insiste especialmente en cuatro puntos que a menudo se pasan por alto en casa: utilizar suficiente agua, salarla correctamente, evitar aromatizarla con hierbas y no añadirle nunca aceite. Son detalles muy básicos, pero tienen una explicación clara y ayudan a conseguir una pasta con mejor textura, más sabor y una salsa que se adhiera correctamente. La proporción que recomienda es fácil de recordar: aproximadamente un litro de agua por cada 100 gramos de pasta. Esto permite que se mueva libremente durante la cocción y reduce el riesgo de que quede pegada o de que la temperatura baje demasiado cuando la añadimos a la olla.
Cometemos todo tipo de errores a la hora de preparar una pasta
El agua y la sal tienen mucha más importancia de lo que parece
Uno de los errores más habituales es cocinar mucha pasta en una olla demasiado pequeña. Cuando hay poca agua, las piezas quedan demasiado juntas, el almidón se concentra en exceso y es más fácil que la pasta se pegue. Con suficiente espacio, en cambio, puede moverse mejor y cocerse de manera más uniforme. También es importante remover durante los primeros minutos, especialmente justo después de introducirla en el agua hirviendo.
La sal es el otro punto esencial. El agua debe tener suficiente sal para que la pasta adquiera sabor durante la cocción. Si se cuece en agua casi insípida y luego intentamos compensarlo con una salsa muy salada, el resultado no será igual. La pasta absorbe parte del agua mientras se cuece y este es el momento adecuado para que quede condimentada desde dentro.
Cruz también desaconseja aprovechar el agua para introducir laurel, orégano u otras hierbas aromáticas. Puede parecer una manera fácil de aportar sabor, pero no es necesario y puede interferir con el sabor final de la salsa. Las hierbas funcionan mucho mejor incorporadas directamente a la preparación que acompañará la pasta, donde se pueden controlar mejor las cantidades y los aromas.
El aceite en el agua es uno de los errores más extendidos
Añadir un chorro de aceite a la olla es probablemente una de las costumbres más repetidas. A menudo se hace pensando que impedirá que la pasta se pegue, pero no es necesario si se utiliza suficiente agua y se remueve correctamente. Además, el aceite queda principalmente en la superficie del agua y aporta muy poco durante la cocción. El problema puede llegar después. Si la pasta queda recubierta de aceite, la salsa puede tener más dificultades para adherirse a su superficie. Precisamente el almidón que queda en la pasta y en el agua de cocción es un gran aliado para conseguir que salsa y pasta queden bien ligadas.
Por eso, una buena pasta no necesita trucos complicados: una olla lo suficientemente grande, aproximadamente un litro de agua por cada 100 gramos, sal suficiente, nada de hierbas dentro del agua y ningún chorro de aceite. Son cuatro decisiones sencillas que pueden marcar una diferencia enorme en el plato final.
