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La ensaladilla rusa es una de esas recetas que parecen fáciles, pero en las que cada pequeño detalle puede marcar una diferencia enorme. Patata, zanahoria, atún, huevo duro y mayonesa forman una base conocida por todos, pero conseguir que el conjunto quede realmente sabroso, cremoso y equilibrado no es tan sencillo. Jordi Cruz propone un gesto inesperado para elevarla: aprovechar un poco del líquido de las aceitunas. Según el cocinero, este caldo aporta intensidad, salinidad y jugosidad sin tener que añadir más mayonesa.

Lo que muchas personas tiran a la basura es el tesoro de Jordi Cruz

El líquido de las aceitunas da más sabor sin hacerla pesada

El problema habitual de muchas ensaladillas rusas es que quedan secas o excesivamente cargadas de mayonesa. Cuando la patata absorbe parte de la salsa, la mezcla pierde cremosidad y la solución acostumbra a ser añadir todavía más mayonesa. Esto puede acabar tapando el gusto del resto de ingredientes y convertir el plato en una masa demasiado grasienta.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Jordi Cruz recomienda incorporar una pequeña cantidad del líquido de conservación de las aceitunas. Este caldo contiene agua, sal y parte de los aromas de la aceituna, de manera que ayuda a humedecer la patata y refuerza el sabor general. No se debe poner mucho, ya es suficiente con una o dos cucharadas, añadidas gradualmente mientras se mezcla la ensaladilla.

El truco funciona especialmente bien cuando también se utilizan aceitunas picadas dentro de la receta. El líquido conecta todos los sabores y evita que las aceitunas parezcan un ingrediente aislado. Además, aporta una acidez muy ligera que equilibra el dulzor de la zanahoria y la grasa de la mayonesa. La clave es probar antes de añadir más sal. El caldo de las aceitunas ya es salado y podría hacer que la ensaladilla quedara excesivamente fuerte si se condimenta sin tenerlo en cuenta.

La patata también determina el resultado final

Para que el truco funcione, la patata debe estar bien cocida, pero no deshecha. Si queda demasiado dura, no absorberá bien los sabores; si se cuece en exceso, la ensaladilla se convertirá en un puré. Lo mejor es hervirla entera y con piel, dejarla enfriar ligeramente y pelarla antes de cortarla en dados regulares. También conviene mezclarla con un poco del líquido de las aceitunas cuando todavía está tibia. En este momento absorbe mejor el condimento y queda sabrosa por dentro, no solo cubierta de salsa. Después se pueden incorporar la zanahoria, los guisantes, el atún, el huevo duro y las aceitunas cortadas.

La mayonesa se debe añadir al final y en varias tandas. De esta manera es más fácil controlar la textura y evitar que el plato quede demasiado denso. La ensalada debe mantener la forma, pero seguir siendo cremosa y jugosa cuando se come. Una vez preparada, es recomendable dejarla reposar en la nevera al menos una hora. Este tiempo permite que los sabores se integren y que la patata acabe de absorber el condimento. Antes de servirla, se puede corregir la textura con una cucharada más de mayonesa o unas gotas adicionales del caldo de las aceitunas.

El secreto de Jordi Cruz es sencillo, pero resuelve un problema habitual a la hora de dar más intensidad a la ensaladilla rusa sin hacerla más pesada. Con una pequeña cantidad del líquido de las aceitunas, la receta gana humedad, profundidad y un punto salino que hace que cada cucharada tenga mucho más sabor.