Pocas cosas definen mejor la esencia de Barcelona que sus bares de tapas de toda la vida. Lugares donde no hay postureo, donde el producto manda y donde comer bien no implica gastar mucho dinero. En ese universo tan auténtico hay nombres que resisten al paso del tiempo, y uno de ellos se ha convertido en parada obligatoria incluso para artistas que han llevado su música por todo el país.

Ahí es donde entran en escena los hermanos Muñoz, de Estopa. Porque cuando vuelven a Barcelona, tienen claro donde deben ir si quieren comer bien.

El bar donde Estopa come como en casa

En este sentido, el Bar La Plata se ha convertido en uno de los locales favoritos del dúo. Situado en pleno corazón del Gótico, este pequeño bar lleva más de 80 años funcionando sin cambiar su esencia, algo que hoy en día es casi imposible. No hay grandes cartas ni platos reinventados. Aquí se viene a lo que se viene.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Tapas tradicionales, producto sencillo y una forma de entender la cocina que conecta directamente con la Barcelona más auténtica. Es precisamente ese carácter lo que ha hecho que siga siendo un referente tanto para locales como para quienes conocen bien la ciudad. Y entre todas sus propuestas, hay una que destaca por encima del resto.

El morro frito, la tapa que nunca falla

A partir de ahí, uno de los platos que más repiten los hermanos Muñoz es el morro frito. Una tapa clásica, sin artificios, pero ejecutada con precisión, de modo que quede crujiente por fuera, tierna por dentro y con ese punto de sabor que solo se consigue en cocinas con historia.

Es el tipo de plato que no necesita presentación. Además, el Bar La Plata mantiene algo que cada vez es más difícil de encontrar: precios accesibles. Con unos 14 o 15 euros, es posible comer y beber con tranquilidad, sin sensación de exceso ni de recorte.

De este modo, el local sigue fiel a su filosofía original. Así pues, más que un bar, La Plata es una pieza viva de la ciudad. Un lugar donde tradición y autenticidad van de la mano, y donde incluso artistas como Estopa encuentran ese sabor que no cambia con el tiempo. Porque hay sitios que no necesitan reinventarse para seguir siendo los mejores.