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Cuando llega el calor, la sandía acostumbra a acabar cortada a dados o convertida en un granizado, pero también puede servir de base para preparar un helado casero muy vistoso sin necesidad de moldes ni máquina. La gracia de esta receta es que la misma rodaja de fruta funciona como recipiente, se vacía parcialmente, se mezcla la pulpa con nata montada y se vuelve a rellenar antes de congelarla. El resultado recuerda a una sandía real, especialmente si se le añaden pequeñas perlas de chocolate como si fueran las semillas. Es una preparación fácil y refrescante, aunque la presencia de nata y edulcorante hace que sea un postre y no simplemente fruta congelada.

Un helado natural para disfrutar en verano

La rodaja de sandía sustituye cualquier molde

Para empezar, hay que cortar una rodaja gruesa de sandía, preferiblemente de unos cuatro o cinco centímetros. Antes de abrir la fruta, se debe lavar bien la corteza bajo el grifo y secarla, ya que el cuchillo podría arrastrar hacia la pulpa la suciedad acumulada en el exterior. La rodaja debe conservar la anilla verde entera, porque será la estructura que mantendrá el helado unido una vez congelado.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Con una cuchara, se retira la pulpa intentando no romper la corteza. Hay que eliminar las semillas negras, si las hay, y triturar la sandía hasta obtener un puré fino. Si suelta mucha agua, se puede pasar brevemente por un colador. No conviene presionarla demasiado, porque también perdería una parte del sabor, pero retirar el exceso de líquido ayuda a evitar que el helado quede lleno de cristales.

En un bol bien frío, se montan 200 mililitros de nata con dos o tres cucharadas de azúcar, miel o el edulcorante preferido. La nata debe tener suficiente materia grasa para que mantenga el volumen. Cuando forme picos suaves, se le incorpora el puré de sandía poco a poco, con movimientos envolventes. Se puede añadir un poco de colorante rojo, pero es completamente opcional: una sandía madura ya aporta un color rosado natural.

Congelar toda la noche y cortarla como una sandía real

La anilla de corteza se coloca sobre una bandeja cubierta con papel de horno. A continuación, se rellena con la mezcla hasta llegar casi al borde. Para imitar las semillas, se reparten perlas o trocitos pequeños de chocolate negro. Es mejor no exagerar la cantidad, porque deben dar un toque crujiente sin tapar el gusto fresco de la fruta.

La preparación necesita un mínimo de siete u ocho horas de congelador, aunque lo más práctico es dejarla toda la noche. Conviene cubrir la bandeja o guardarla dentro de un recipiente grande y cerrado para que no absorba olores. Cuando llegue el momento de servirla, se debe dejar reposar entre cinco y diez minutos a temperatura ambiente. Así recuperará una textura más cremosa y será mucho más fácil de cortar.

El helado se puede dividir en triángulos, conservando la corteza como si fueran cortes de sandía. No necesita moldes, palos ni equipamiento especial, y permite aprovechar una fruta madura antes de que se estropee. La clave es controlar el agua de la pulpa, montar bien la nata y respetar el tiempo de congelación. Con una rodaja de sandía, nata, un poco de edulcorante y chocolate, se pueden preparar uno de los postres más fáciles y sorprendentes del verano.