Elegir vino en un restaurante puede parecer una decisión sencilla, pero esconde más estrategia de la que muchos clientes imaginan. Existe una creencia bastante extendida sobre el hecho de evitar el vino más barato para no parecer tacaño y optar por una opción ligeramente superior en precio. Sin embargo, los expertos en vino coinciden en que esa elección puede ser precisamente la peor posible. Y es que la colocación de los vinos en la carta no es casual. Responde, en muchos casos, a una lógica comercial diseñada para maximizar beneficios a costa de adelantarse a lo que piensa el cliente.
Jugar con los precios y con la forma de pensar más habitual en los clientes de los restaurantes
El truco del “segundo más barato”
Muchos restaurantes saben que el cliente medio no quiere pedir el vino más económico. Por eso, sitúan una opción ligeramente superior que parece más equilibrada, pero que en realidad suele ser la que mayor margen de beneficio genera y no la que más se acomoda a lo que quiere disfrutar un comensal habitual que no es experto en vino.
La realidad es que ese segundo vino más barato suele ser el que el restaurante compra a menor coste en proporción a su precio de venta. Es decir, es el producto con mayor margen oculto. Este comportamiento está ampliamente estudiado en restauración. Se juega con la percepción del cliente, que busca una opción razonable sin darse cuenta de que está eligiendo una de las menos interesantes en términos de calidad-precio.
Ante la duda, el vino de la casa suele ser mejor opción
Frente a esta estrategia, los expertos recomiendan una alternativa clara. como lo es optar por el vino de la casa. Aunque muchos lo asocian a una opción básica, en realidad suele ofrecer una buena relación calidad-precio.
El motivo es muy simple. El restaurante compra grandes cantidades de ese vino, lo que le permite ofrecerlo a un precio más competitivo sin necesidad de inflar tanto el margen. Además, en muchos casos se trata de vinos correctos, pensados para acompañar bien la comida sin complicaciones ni buscar maridajes complicados o extravagantes. La realidad es que no siempre el precio refleja la calidad, y menos en una carta diseñada con criterios comerciales y no está elaborada por un experto en vino.
Para evitar caer en este tipo de trampas, los expertos recomiendan no dejarse llevar solo por el precio. También es útil pedir consejo al personal o fijarse en denominaciones de origen conocidas. Otra estrategia es evitar elegir automáticamente la segunda opción más barata y analizar el conjunto de la carta con más criterio. De este modo, es posible encontrar vinos interesantes sin gastar de más. Así pues, la próxima vez que tengas una carta de vinos delante, conviene pensarlo dos veces. Porque, como advierten los expertos, el peor vino no siempre es el más barato sino el que parece una elección inteligente sin serlo.
