En el mundo de la restauración, no todo lo que parece caro lo es por su calidad. De hecho, hay un consenso cada vez más extendido entre cocineros y profesionales del sector, ya que pagar más de 20 o 25 euros por un plato de pollo suele ser, en la mayoría de los casos, algo excesivo. Aunque pueda sorprender a algunos comensales, la explicación es bastante simple y tiene que ver con el coste real del producto. Y es que el pollo es uno de los ingredientes más económicos dentro de la cocina profesional. A diferencia de carnes como el solomillo o ciertos pescados, su precio en origen es bajo, incluso cuando se trata de piezas de calidad superior. Esto hace que, en términos generales, sea complicado justificar precios elevados en carta sin que intervengan otros factores.
No se trata de calidad, es cuestión puramente de costes
El truco está en la presentación, no en el producto
Muchos restaurantes recurren a técnicas culinarias o presentaciones más elaboradas para elevar la percepción del plato. Cocción a baja temperatura, salsas complejas o descripciones sofisticadas en la carta son algunos de los recursos más habituales.

Sin embargo, los chefs coinciden en que estas técnicas, aunque pueden mejorar la experiencia, no multiplican el valor real del producto hasta el punto de justificar precios muy altos. La realidad es que, en muchos casos, el cliente está pagando más por el concepto del restaurante, la ubicación o la marca que por el pollo en sí. Además, el pollo suele ser una opción segura para el consumidor, lo que facilita que aparezca en cartas de todo tipo de locales, incluso en aquellos donde no es la especialidad. Esto aumenta el riesgo de encontrar platos poco trabajados a precios inflados.
Cómo evitar pagar de más por un plato sencillo
Para no caer en este error, los expertos recomiendan fijarse en varios aspectos antes de pedir. El primero es la especialidad del restaurante. Si el local no destaca por sus carnes o por una cocina concreta donde el pollo tenga protagonismo, es probable que no sea la mejor elección dentro de la carta que proponen.
También es importante analizar cómo se presenta el plato en la carta. Descripciones excesivamente elaboradas o nombres muy llamativos pueden ser una señal de que se intenta justificar un precio elevado sin una base real. La realidad es que el pollo puede ser delicioso y estar muy bien ejecutado, pero su naturaleza como producto limita el precio que debería tener en condiciones normales. De este modo, elegir con criterio permite disfrutar más de la experiencia gastronómica y evitar pagar de más por algo que no lo merece.
Así pues, la próxima vez que revises una carta, conviene detenerse un momento antes de pedir pollo a precios elevados. Porque, como advierten los chefs, en muchos casos no estás pagando más por calidad, sino por todo lo que rodea al plato.