El melón es una de las frutas más esperadas del verano. Refresca, es dulce, tiene mucha agua y funciona igual de bien como postre, como merienda o incluso en platos salados con jamón, queso fresco o ensaladas. Pero también tiene un inconveniente muy conocido: desde fuera no siempre es fácil saber si saldrá bueno. Todo el mundo ha comprado alguna vez un melón con muy buena pinta que después era insípido, demasiado duro o pasado. Por eso, antes de ponerlo en la cesta, conviene fijarse en una serie de detalles que ayudan a elegir mejor.
El misterio de escoger un buen melón es mucho más importante de lo que parece
El peso y la base dan muchas pistas
Uno de los trucos más útiles es coger el melón con las manos y valorar su peso. Un buen melón debería pesar bastante en relación con su tamaño. Esto indica que tiene una buena cantidad de agua y que la pulpa puede ser más jugosa. Si ves dos de tamaño similar, normalmente conviene quedarse con el que pesa más.
También es importante mirar la parte inferior, la zona opuesta al pedúnculo. Si la presionas muy ligeramente y cede un poco, puede ser señal de que el melón está maduro. Ahora bien, hay que tener cuidado: si está demasiado blando o se hunde con facilidad, puede estar demasiado pasado. El punto ideal es una ligera flexibilidad, no una textura blanda.
El olor también es una pista clásica. Un melón maduro acostumbra a tener un aroma dulce y agradable, sobre todo en la zona del corte o del pedúnculo. Si no huele a nada, puede ser que todavía esté verde. Si huele demasiado intenso o fermentado, quizás ya ha pasado su mejor momento. Otro detalle es la piel. Debe tener un aspecto sano, sin golpes importantes, grietas ni zonas hundidas. Las pequeñas marcas superficiales no siempre son un problema, pero las abolladuras fuertes pueden indicar que la pulpa interior está tocada.
El sonido también puede ayudar a decidir
Muchas personas también golpean suavemente el melón con los dedos. Si el sonido es un poco hueco y resonante, suele ser una buena señal. Si suena muy apagado o demasiado denso, quizás todavía no está en su punto. No es una prueba infalible, pero combinada con el peso, el olor y la textura puede ayudar mucho.
También hay que tener en cuenta que no todas las variedades son iguales. Algunos melones tienen la piel más rugosa, otros más lisa, y el color puede variar según el tipo. Por eso no conviene valorar solo un aspecto. Lo mejor es sumar pistas como peso, olor, presión, piel y sonido. Una vez en casa, si el melón todavía no está abierto, se puede conservar a temperatura ambiente si le falta un poco de maduración. Cuando ya se ha cortado, debe ir a la nevera, bien tapado, para que no pierda aroma ni coja olores de otros alimentos.
Así pues, elegir un buen melón no depende solo de la suerte. Hay que tocarlo, olerlo, mirarlo bien y compararlo con otras piezas. Con estos pequeños gestos, es mucho más fácil acertar y llevar a casa un melón dulce, jugoso y perfecto para los días de calor.
