Hay pizzas que todo el mundo reconoce, pero también existen otras que explican el verdadero origen de la tradición napolitana. La realidad es que antes de la popularización de la margarita ya había recetas con identidad propia, y una de las más antiguas es la cosacca, una pizza que hoy vuelve a ganar protagonismo gracias a quienes recuperan su historia con rigor. Y es que el pizzaiolo Eric Ayala ha recreado esta elaboración legendaria, poniendo el foco en una receta que no solo es anterior a la margarita, sino que también está profundamente ligada a un contexto histórico muy concreto. Su propuesta no busca reinventar, sino volver al origen.

La cosacca no será la pizza más conocida, pero sí que es la más histórica

La cosacca, una pizza con siglos de historia

La realidad es que la cosacca nace en Nápoles como un homenaje de los pizzeros a los zares de Rusia, lo que explica tanto su nombre como parte de su simbolismo. Se trata de una receta anterior a la margarita y con una composición mucho más sencilla, pero con una carga histórica significativa. De este modo, la base de la pizza se construye con un ingrediente clave, como lo es el Pomodoro di Corbara, un tomate caracterizado por su dulzura y su intensidad. Este producto define el sabor del conjunto y sustituye el protagonismo que en otras pizzas tiene la mozzarella.

Así pues, tras el paso por el horno, entra en juego uno de los elementos más distintivos como el pecorino bagnolese. Este queso, elaborado con ovejas autóctonas y curado bajo tierra durante meses, se ralla generosamente sobre la pizza. No es un gesto casual, ya que su aspecto busca recrear visualmente la nieve de Rusia, reforzando el sentido del homenaje a la dinastía rusa. Además, el toque final lo aporta la albahaca, que introduce frescura y equilibra el perfil del plato sin romper su sencillez.

Una receta que demuestra que menos es más

La realidad es que la cosacca es un ejemplo perfecto de cómo la cocina tradicional entiende el equilibrio. No necesita muchos ingredientes para conseguir un resultado completo. De este modo, cada elemento cumple una función precisa, ya que el tomate aporta base y dulzura, el queso introduce intensidad y textura, y la albahaca añade un matiz aromático que redondea el conjunto. Esta pizza refleja una forma de cocinar donde el producto es el protagonista y donde la técnica se pone al servicio de la tradición.

Además, su recuperación responde a una tendencia cada vez más visible al volver a recetas auténticas y reivindicar elaboraciones que han quedado en segundo plano frente a versiones más comerciales. También influye el trabajo de profesionales como Eric Ayala, que buscan rescatar estas propuestas sin alterar su esencia original.

En definitiva, la cosacca no es solo una curiosidad histórica, sino una pieza fundamental en la evolución de la pizza napolitana. Una receta anterior a la margarita que demuestra que la simplicidad, cuando está bien ejecutada, puede ser también lo más memorable. Un recordatorio de que el origen, muchas veces, sigue siendo el mejor punto de partida.