Aunque la reprobación de un conseller del Govern no es estos últimos años una cosa excepcional ni tiene tampoco consecuencias efectivas, ya que el president de la Generalitat les mantiene la confianza y aquí no ha pasado nada, siempre acaba siendo un termómetro político al que hay que prestar atención. Este jueves, el Parlament ha censurado y, además, ha pedido su cese, a la consellera de Interior, Núria Parlon, y a su polémico director de la Policía, Josep Lluís Trapero, por la infiltración de dos mossos d'esquadra en una asamblea de maestros del sindicato USTEC mientras preparaban el calendario de huelga que tiene revuelto al sector educativo. El Govern ha tratado de proteger sobre todo a Parlon, exalcaldesa de Santa Coloma de Gramenet y un activo político importante para el PSC, lo que hubiera logrado si Vox le hubiera acompañado, como ha hecho en otras ocasiones en este tipo de cuestiones, pero en este caso ha dejado a los socialistas solos con el PP de Alejandro Fernández. Aquí todo el mundo quiere marcar territorio y la ultraderecha ha encontrado en esta cuestión una manera de retratar a los populares por acudir en auxilio del PSC.
Catalunya tiene sus reglas de juego políticas, que no son las de Madrid, y las alianzas son mucho más variables. Las habituales PSC, Esquerra y Comuns en forma de bloque gubernamental, como se ha visto en una cuestión tan importante como la negociación, con final feliz para el president Illa, de los presupuestos generales de la Generalitat. Pero hay otro eje que, en temas puntuales, como los referentes a bloquear iniciativas nacionales, que a veces también funciona, y es el del PSC, PP y Vox. En este magma de negociación de apoyos parlamentarios para rescatar a los reprobados, Trapero estaba sentenciado: ERC y Comuns no podían avalar, desde una óptica de izquierdas, una infiltración de los mossos con todo el revuelo que había habido y la CUP y Junts habían jugado muy fuerte para debilitar el Govern. La situación de Parlon ya era diferente, ya que una reprobación y petición de un conseller, en este caso, era subir un escalón importante y, en la práctica, debilitar al Govern. Hasta la fecha, el Parlament había reprobado en esta legislatura a la consellera Sílvia Paneque, titular de Territori, Habitatge i portaveu del Govern, por todas las crisis de las infraestructuras, siguiendo un patrón similar al de la anterior legislatura, la presidida por Pere Aragonès, en que dos consellers fueron reprobados, Joan Ignasi Elena (Interior) y Carles Campuzano (Drets Socials).
Se cierra así —parlamentariamente, al menos— el escabroso tema de la infiltración de los mossos en una asamblea de maestros, algo que no tiene explicación pública posible, por más que se hiciera antes, si es que en realidad es así
Por eso también era importante para Illa salvar a Parlon, para no empatar con Aragonès en reprobaciones de miembros de su gobierno. La abstención de los Comuns habría dado una opción real de rescatar a la consellera de Interior, ya que la mayoría a favor de la reprobación se había resquebrajado, quedando tan solo Junts y Esquerra. El PSC tenía a su lado al PP, que rechazaba que la infiltración de mossos fuera una vulneración de derechos. En eso Vox podía estar de acuerdo, pero alejarse de Parlon le daba una bandera muy preciada para la ultraderecha: no está consiguiendo frenar el proceso de inseguridad al que está sometida toda Catalunya. Vox también juega aquí su particular pulso con el PP, dejándolo en evidencia ante su electorado en este tipo de cuestiones. Se cierra así —parlamentariamente, al menos— el escabroso tema de la infiltración de los mossos en una asamblea de maestros, algo que no tiene explicación pública posible, por más que se hiciera antes, si es que en realidad es así. Hay cosas que no son justificables y esta es una de ellas. No hace falta darle muchas vueltas.
Además del error en la decisión, está la chapuza del operativo organizado. Y aún no sabemos qué filtros pasó para ser aprobado y a qué nivel se adoptó. En cambio, sí sabemos hasta dónde ha llegado la onda expansiva y que ha ido más allá de la conselleria de Interior, ya que, como era previsible, los sindicatos educativos han encontrado un argumento más en el pulso que mantienen, en este caso, con la conselleria d'Educació. La reunión de estas últimas horas también ha acabado sin acuerdo, aunque los sindicatos se mantienen en la mesa de negociaciones, que este viernes abordará una reunión importante a la hora de desconvocar o no las huelgas convocadas. La USTEC ya ha amenazado que si los representantes de la consellera Niubó no vienen con una propuesta aceptable, abandonarán la negociación y mantendrán el calendario de protestas acordado con el resto de sindicatos y que podría escalar, incluso, hasta final de curso. El pulso económico entre ambas partes no es menor, ya que los sindicatos convocantes plantean un complemento universal para todo el colectivo equivalente a 478 euros para el cuerpo de maestros y a 544 euros para los profesores de secundaria en 2029. Algo que queda muy lejos de lo que ofrece el Govern.