La visita del papa León XIV a Barcelona tendrá una de sus paradas más simbólicas en la parroquia de Sant Agustí, en el corazón del Raval. Aunque el foco principal del viaje será la Sagrada Familia, el paso por el templo agustino tendrá un fuerte significado espiritual, social y personal.
La elección de Sant Agustí no es casual, ya que la parroquia está gestionada por los agustinos, el mismo orden religioso al que pertenecía Robert Prevost antes de convertirse en papa. De hecho, León XIV fue prior general de la Orden de San Agustín entre 2001 y 2014, una etapa en la que visitó comunidades agustinianas de todo el mundo y mantuvo un contacto directo con muchos religiosos de la orden.
Por eso, la visita al Raval tiene una carga emocional especial para la pequeña comunidad agustiniana de Barcelona. El papa no llega solo como cabeza de la Iglesia católica, sino también como alguien que forma parte de su misma familia religiosa. Para los agustinos, ver a Robert Prevost convertido en pontífice y volviendo ahora a una de sus parroquias es un gesto de reconocimiento muy importante.
Actualmente, la comunidad agustiniana en Catalunya es muy reducida. En Barcelona y Badalona trabajan cuatro religiosos: dos filipinos y dos tanzanos. Se encargan de las parroquias del Carme y Sant Agustí, en el Raval, de la parroquia personal filipina que funciona en el mismo templo de Sant Agustí, y de la parroquia de Sant Roc, en Badalona. El prior agustino Dennis Pineda defiende que esta diversidad refleja la misma realidad del barrio. El Raval es un territorio marcado por la inmigración, la pobreza, la precariedad y la exclusión social, pero también por la convivencia entre comunidades muy diferentes.
Sant Agustí se ha convertido, en este contexto, en un punto de encuentro para muchas realidades del barrio. La parroquia acoge celebraciones en diversas lenguas y comunidades de orígenes diferentes, especialmente latinoamericanas y filipinas. El mismo Pineda lo resume con una frase: “Nuestra parroquia es una comunidad de comunidades”.
León XIV irá a Sant Agustí para conocer de cerca proyectos y entidades que trabajan con personas vulnerables. Según el rector de la parroquia, Faustino John Mlelwa, el papa “escuchará un programa sobre las obras sociales de la Iglesia que se están haciendo en Barcelona”.
El comedor social más grande de Barcelona
Junto al templo se encuentra el comedor social Reina de la Paz, gestionado por las Misioneras de la Caridad, la congregación fundada por la Madre Teresa de Calcuta. Este espacio ofrece comida y acompañamiento a personas sin recursos, personas sin hogar, migrantes recién llegados y familias atrapadas por la precariedad. Los agustinos también colaboran con iniciativas como la Fundación Mano Amiga, que reparte alimentos y ropa y ofrece clases de catalán, castellano y asesoramiento jurídico.
El paso por el Raval encaja así con el perfil social del viaje apostólico. Antes de desplazarse a Montserrat, el papa también tiene previsto visitar un módulo de mujeres del centro penitenciario Brians 1. El mensaje es claro: la visita no quiere quedarse solo en los grandes espacios religiosos o monumentales, sino que también quiere acercarse a las periferias y a las personas más vulnerables.
La relación personal entre el papa y algunos de los agustinos de Barcelona refuerza aún más el simbolismo de la visita. Faustino John Mlelwa conoció a Robert Prevost en el año 2003, cuando el actual pontífice era prior general de los agustinos y visitó Tanzania. "Lo fui a buscar al aeropuerto y se quedó en nuestra casa dos días", recuerda el rector. Después hicieron un viaje por el sur del país. "Yo conducía. Fue un viaje muy feliz, aunque al principio sufría por si la comida le gustaría. ¡Pero se lo comía todo!", explica divertido.
Ahora, el reencuentro será muy diferente. "¡Ya no es un sacerdote cualquiera, es el papa!", admite Mlelwa. También Dennis Pineda recuerda a Prevost como una persona cercana y sencilla. "Es una persona muy cercana y bromista", afirma. Y destaca un rasgo que lo impresionó: "Me sorprendió que recuerda a cada persona que se encuentra en el camino, y eso que somos muchos agustinos en el mundo".
La visita a Sant Agustí también tiene un valor histórico. La presencia de los agustinos en Barcelona se remonta al siglo XIV, con un primer convento en el barrio de la Ribera. Más tarde se trasladaron al Raval, pero sufrieron episodios como el incendio del convento en 1835 y la desamortización, que los obligó a abandonar el lugar. No volvieron a la diócesis hasta 1976, primero en Sant Roc de Badalona, y más recientemente, en 2018, en el Raval.