Conseguir en casa una pizza con ese acabado tan característico, crujiente y casi ahumado que recuerda al horno de leña parece, para muchos, un sueño inalcanzable. Sin embargo, en Instagram circulan trucos realmente ingeniosos que demuestran que no hace falta una instalación profesional para lograr un resultado sorprendentemente parecido. Uno de los más llamativos lo comparte la cuenta opelouro, donde muestran un método tan simple como efectivo, bautizado con humor como “horneado para pobres”. El nombre puede sonar exagerado, pero lo cierto es que revela una técnica casera que aprovecha al máximo el potencial del horno doméstico y que permite, con únicamente una rejilla y un poco de paciencia, obtener una base increíblemente crujiente, con un dorado uniforme y esa textura que normalmente asociamos a temperaturas altísimas.

Hornear una pizza como en un horno de leña

La clave del método comienza con algo que muchos pasan por alto: el precalentado a conciencia. Según explica el creador del vídeo, hay que encender el horno con calor arriba y abajo, ponerlo a la máxima temperatura y dejarlo funcionar entre 40 y 45 minutos antes de introducir la pizza. Este paso es esencial porque imita uno de los grandes secretos del horno de leña: la acumulación gradual de calor. En un horno doméstico, las paredes y la base tardan bastante en calentarse por completo, así que este proceso prolongado ayuda a que la superficie inferior alcance una temperatura mucho más alta de lo habitual, perfecta para dorar la masa con rapidez.

Pizza en horno doméstico / Foto: Unsplash
Pizza en horno doméstico / Foto: Unsplash

Mientras el horno toma potencia, llega el momento de preparar la masa. El truco funciona especialmente bien con una masa casera, bien estirada y con los ingredientes clásicos: tomate, mozzarella, aceite de oliva y, si apetece, algo de albahaca. Aquí no hay misterio, pero sí una particularidad importante: en lugar de usar bandejas o piedras, la pizza se coloca directamente en la base del horno. Es este contacto directo el que marca la diferencia, porque la masa recibe el calor más intenso justo donde lo necesita, logrando ese fondo tostado que tantas veces buscamos.

 

 

Cuando la base ya está al gusto, dorada, firme y ligeramente moteada, llega el segundo acto del truco. Se puede encender el grill, añadir un buen puñado de fior di latte u otro queso fresco de buena calidad y colocar la pizza sobre la rejilla, situada lo más arriba posible. En apenas 2 o 3 minutos, el queso se funde, burbujea y adquiere ese toque final tan apetitoso que completa la ilusión de un horneado profesional.

En apenas 2 o 3 minutos, el queso que usamos como topping se funde

La técnica puede ser sencilla, pero demuestra cómo, con un poco de creatividad, cualquier cocina puede convertirse en un espacio donde una pizza casera alcanza un resultado sorprendentemente cercano al de un horno de leña.