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Hacer sardinas en casa tiene un inconveniente que todo el mundo conoce: son deliciosas, pero el olor puede quedarse horas pegado a la cocina, las cortinas e incluso la ropa. Por eso se ha hecho viral un truco que consiste en añadir sal gorda y cocinarlas dentro de pequeños paquetes para reducir el humo y los vapores que esparcen el aroma. La idea funciona porque limita el contacto directo de la grasa con la sartén y concentra parte de la humedad dentro del paquete. Ahora bien, si el vídeo utiliza papel de cocina absorbente directamente sobre una superficie muy caliente, conviene no copiarlo literalmente: el papel puede quemarse. La versión más segura es hacer los paquetitos con papel de horno apto para cocción.

Hacer sardinas sin emitir olores es un reto complicado

La sal y el paquete son la clave

El primer paso es limpiar bien las sardinas y secarlas con papel de cocina, pero solo para retirar la humedad. Después se corta un trozo generoso de papel de horno, se pone una capa fina de sal gorda y, encima, dos o tres sardinas. Se puede añadir un poco más de sal por encima antes de cerrar el paquete, dejando suficiente espacio para que el vapor circule sin que el pescado quede aplastado.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La sal ayuda a absorber parte de la humedad que sueltan las sardinas, mientras el paquete retiene buena parte de las salpicaduras y de los vapores aromáticos. Esto hace que el olor intenso se esparza mucho menos que cuando el pescado se cocina directamente sobre una sartén muy caliente. Además, las sardinas se hacen en sus propios jugos y quedan tiernas, sin necesidad de añadir mucho aceite. También conviene preparar paquetes pequeños, para que las sardinas se cuezan de manera uniforme y no acumulen líquido.

Para cocerlas, se calienta una sartén ancha a fuego medio y se colocan los paquetitos. Hay que evitar temperaturas extremas y vigilarlos durante toda la cocción. Según el tamaño de las sardinas, con unos tres o cuatro minutos por lado suele ser suficiente. Si el papel se oscurece demasiado, se debe retirar inmediatamente. Nunca se debe utilizar este sistema sobre una llama directa ni dejar la sartén sin supervisión.

Menos olor sin renunciar a las sardinas

Cuando estén hechas, se retiran los paquetes y se dejan reposar medio minuto antes de abrirlos con cuidado. Dentro habrá vapor caliente. Solo hay que quitar el exceso de sal y servir las sardinas inmediatamente. El resultado no es exactamente el mismo que unas sardinas hechas a la brasa, pero mantiene el sabor intenso del pescado y evita buena parte del humo que acostumbra a impregnar toda la casa.

El truco funciona aún mejor si se enciende el extractor antes de empezar y se abre una ventana. La clave no es eliminar completamente el olor, algo casi imposible con un pescado graso como la sardina, sino reducir su dispersión. Y aquí el paquete marca la diferencia. Eso sí: mejor papel de horno que papel absorbente. La misma idea viral se puede mantener sin asumir un riesgo innecesario de combustión. Así, las sardinas vuelven a ser un plato fácil, económico y perfecto para el verano, sin tener que ventilar la cocina durante toda la tarde.