Qué es El Niño: las claves del fenómeno que se intensificará los próximos meses en todo el mundo

El Niño volverá a ganar intensidad durante los próximos meses y se prevé que llegue a ser muy fuerte antes de mantenerse activo, como mínimo, hasta febrero, con efectos sobre las lluvias y las temperaturas a escala global. Este fenómeno forma parte de un patrón climático natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), según la Organización Meteorológica Mundial, y acostumbra a aparecer entre cada dos y siete años. Se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental, un proceso que también altera el comportamiento de la atmósfera situada sobre esta región oceánica. En el episodio actual, su intensificación estará favorecida en parte por las temperaturas excepcionalmente elevadas registradas en el Pacífico tropical, especialmente en la zona que baña las costas de Ecuador, Colombia y Perú. Las previsiones sitúan el momento de máxima intensidad hacia finales de este año.

El nombre de El Niño tiene su origen en los marineros y pescadores de la región, que observaron que una corriente de agua más cálida acostumbraba a coincidir con un descenso de las capturas en fechas próximas a Navidad. Por este motivo, acabaron bautizando el fenómeno en referencia al Niño Jesús. Además, tiene una fase opuesta, La Niña, que se diferencia principalmente por la temperatura de las aguas del Pacífico. Mientras El Niño corresponde a la fase cálida, La Niña representa la fase fría. La duración de los episodios también varía, ya que El Niño puede prolongarse hasta aproximadamente un año y medio, mientras que La Niña puede llegar a mantenerse durante tres años.

Los efectos de El Niño van mucho más allá del Pacífico y pueden alterar tanto las temperaturas como la distribución de las precipitaciones en numerosas regiones del planeta. En términos generales, el fenómeno contribuye a elevar la temperatura media global, con consecuencias que a menudo se hacen especialmente visibles durante el año posterior a su desarrollo. Un ejemplo reciente fue el 2024, que se convirtió en el año más cálido desde que hay registros por la combinación del episodio de El Niño de 2023-2024 y el calentamiento provocado por el cambio climático. En el episodio actual, uno de los datos que más preocupa a los científicos es la temperatura excepcionalmente elevada del mar, no solo en la superficie sino también en capas más profundas. En algunos puntos, las anomalías térmicas han llegado a superar en más de ocho grados los valores medios.

Nos afecta a todos

El impacto de El Niño también se traslada directamente a la economía y a la seguridad alimentaria, especialmente en las regiones más dependientes de la agricultura. La reducción de las cosechas puede dejar comunidades enteras con menos acceso a los alimentos y, a la vez, presionar los precios al alza en otras partes del mundo. Este año, algunas zonas de Centroamérica han sufrido una fuerte sequía y problemas de escasez de agua a causa de la alteración de los patrones de lluvia, una situación que ha castigado especialmente los cultivos de maíz y ha afectado a miles de familias campesinas. En la India, las precipitaciones asociadas al monzón han quedado por debajo de los niveles habituales durante agosto y se prevé que esta tendencia continúe en septiembre, con nuevas consecuencias negativas para el sector agrícola.

La secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial, Celeste Saulo, ha querido rebajar, sin embargo, la idea de que un episodio muy intenso de El Niño implique necesariamente una catástrofe. "No significa que haya una probabilidad del 100% de que se produzca una inundación, una sequía o incluso una ola de calor en un país determinado", ha remarcado este jueves. "Tenemos los conocimientos y las herramientas necesarias para evitar que los peligros relacionados con El Niño se conviertan en una crisis", ha añadido.