Durante años, lavar el pollo crudo antes de cocinarlo ha sido una práctica habitual en muchas cocinas. Se hacía con la intención de “limpiarlo”, eliminar restos o incluso posibles bacterias. Sin embargo, tanto chefs como expertos en seguridad alimentaria coinciden hoy en una recomendación clara: lavar el pollo no solo es innecesario, sino que puede ser peligroso para tu salud. El principal problema está en cómo se comportan las bacterias. El pollo crudo puede contener microorganismos como Campylobacter o Salmonella, responsables de muchas intoxicaciones alimentarias. Al pasar el pollo por el grifo, el agua no elimina estas bacterias, sino que las dispersa en forma de pequeñas salpicaduras invisibles. Estas pueden alcanzar superficies cercanas como la encimera, utensilios de cocina, ropa o incluso otros alimentos, aumentando el riesgo de contaminación cruzada.

Los chefs piden que dejes de lavar el pollo antes de cocinarlo

Es decir, lo que parece un gesto de limpieza acaba generando el efecto contrario. Diversos organismos de seguridad alimentaria llevan años insistiendo en este punto: el agua no desinfecta el pollo, y el calor de la cocción es el único método eficaz para eliminar las bacterias. Cocinar el pollo a la temperatura adecuada (por encima de 75 °C en su interior) garantiza que cualquier microorganismo peligroso desaparezca.

Pollo entero / Foto: Unsplash
Pollo entero / Foto: Unsplash

Además, lavar el pollo puede dar una falsa sensación de seguridad. Muchas personas creen que, tras este paso, el alimento es más seguro, cuando en realidad el riesgo se ha desplazado a toda la cocina. Por eso, los chefs insisten en cambiar este hábito y centrarse en lo realmente importante: una correcta manipulación y cocción del producto.

En lugar de lavarlo, la recomendación es sencilla. Si el pollo tiene algún resto visible, se puede retirar con papel de cocina, que después debe desecharse inmediatamente. A partir de ahí, es fundamental lavarse bien las manos, limpiar las superficies que hayan estado en contacto con el pollo crudo y evitar mezclar utensilios con otros alimentos sin haberlos desinfectado previamente. Estos pequeños gestos son mucho más eficaces que el agua.

La seguridad alimentaria no depende de un solo gesto, sino de un conjunto de prácticas

También es importante prestar atención a otros detalles, como no reutilizar platos o tablas sin limpiar y mantener siempre separados los alimentos crudos de los cocinados. La seguridad alimentaria no depende de un solo gesto, sino de un conjunto de prácticas que, bien aplicadas, reducen significativamente los riesgos.

Pollo entero cocinado / Foto: Unsplash
Pollo entero cocinado / Foto: Unsplash

Lavar el pollo es un hábito heredado que hoy sabemos que no aporta beneficios y sí puede generar problemas. La clave está en entender que la higiene en cocina no pasa por el grifo, sino por el control de la manipulación y el uso del calor. Porque en este caso, lo que parece más limpio, en realidad puede ser mucho menos seguro.