Los hantavirus han ocupado el centro de la actualidad tras la detección de varios contagios entre tripulantes del barco MV Hondius, donde también viajan catalanes. Sin embargo, los primeros indicios de esta familia de virus se remontan a siglos atrás, favorecida por su transmisión a través de roedores infectados. De hecho, las primeras referencias conocidas a una enfermedad compatible con estos virus aparecen en la China imperial, en el tratado médico Huangdi Neijing, redactado durante el período de los Reinos Combatientes, entre los años 475 y 221 antes de Cristo.
Los registros de los hantavirus, sin embargo, incrementan abruptamente a raíz de los grandes conflictos del siglo XX, especialmente entre soldados expuestos a condiciones extremas en trincheras y campamentos militares. Diversos estudios apuntan a que estos virus podrían haber estado detrás de casos de la llamada nefritis de trinchera detectados entre tropas británicas desplegadas en Flandes, en Bélgica, durante la Primera Guerra Mundial. Las enfermedades derivadas del hantavirus llegaron a convertirse en un problema grave para los aliados, con unas 35.000 bajas en las fuerzas británicas y 2.000 más entre soldados norteamericanos, además de centenares de muertes. A pesar de la magnitud del brote, los tratamientos aplicados continuaban basándose en protocolos previos a la guerra para la nefritis aguda y no se desplegaron medidas preventivas efectivas, ya que aún no había consenso sobre el origen. Más adelante, en plena Segunda Guerra Mundial, se registró un brote con síntomas compatibles con infecciones por hantavirus en la localidad de Salla, en la Laponia oriental finlandesa, que afectó a soldados alemanes y finlandeses destinados en la zona.
Estudio y clasificación del virus
En Asia oriental, los primeros estudios científicos surgieron en Vladivostok entre 1913 y 1914. Ahora bien, la identificación científica de los hantavirus avanzó especialmente a raíz de la guerra de Corea. Durante el conflicto, unos 3.200 soldados de las Naciones Unidas destinados cerca del río Hantan desarrollaron una enfermedad conocida entonces como fiebre hemorrágica coreana. El virus se identificó por primera vez en 1951, pero no fue hasta después de la guerra que se dieron pasos decisivos en su clasificación. En 1976, el científico surcoreano Ho Wang Lee analizó ratones y comprobó que los antígenos presentes en sus pulmones reaccionaban con anticuerpos de supervivientes del conflicto. Dos años después se aisló por primera vez el virus, bautizado como virus Hantaan, en referencia al río coreano donde los soldados de la ONU se infectaron.
El conocimiento sobre los hantavirus dio otro salto importante en 1993, cuando un brote de un grave síndrome respiratorio sacudió la región de Four Corners, en Estados Unidos. La investigación determinó que el origen era un nuevo hantavirus, posteriormente llamado virus Sin Nombre (abreviado SNV), y aquel episodio se convirtió en el primer caso de hantavirus detectado en el continente americano. También permitió identificar una nueva variante de la enfermedad, bautizada como síndrome pulmonar por hantavirus. A partir de aquel momento, se descubrieron otras variantes del virus en las Américas, entre ellas el virus de los Andes, la cepa detectada en el barco MV Hondius, y que es transmisible de persona a persona.