Un premio de 50.000 euros, inscripciones agotadas en menos de tres minutos y 125 parejas intentando adivinar el país, la denominación de origen, la añada, las variedades de uva, el elaborador y la marca de hasta 14 vinos a ciegas. Este es el emocionante espectáculo que tendrá lugar este domingo 22 de febrero en la Llotja de Mar de Barcelona. La Cata por Parejas que organiza Vila Viniteca se celebra de manera alternada en Barcelona y en Madrid cada año; este año Catalunya será la anfitriona del concurso de cata de vinos a ciegas más importante del Estado. Pero, ¿de dónde sale este concurso? ¿Qué es Vila Viniteca? Y, sobre todo, ¿es tan difícil adivinar vinos a ciegas? Estos son los orígenes del concurso con el botín más suculento del país.

El origen humilde de un gigante catalán

Vila Viniteca es la empresa de comercialización de vinos más importante del Estado. Con diferentes tiendas físicas y venta en línea a distribuidores, restauradores y particulares, es uno de los gigantes logísticos del mundo vinícola más importantes del país. Ahora bien, que nadie se imagine un Amazon catalán que solo vende vino; Vila Viniteca también organiza diferentes actividades durante el año para hacer divulgación de productos de la máxima calidad y ofrece quesos, conservas y otros productos gourmet en sus tiendas.

Ca n'Estruc esconde un almacén subterráneo gigantesco en el cual hay más de 1.200.000 botellas de vino

Siscu Martí en la bodega Ca n'Estruch. / Foto: Oriol Foix
Siscu Martí en la bodega Ca n'Estruch. / Foto: Oriol Foix

Quim Vila y Siscu Martí son los dos socios fundadores de Vila Viniteca. La familia de Vila regentaba una tienda de comestibles en el Born y la de Martí tiene una bodega en Esparreguera. De la unión de la parte comercial de Quim Vila y la tradición familiar vitivinícola de Siscu Martí nació Vila Viniteca hace más de 30 años. Una marca que trabaja con algunos de los vinos más exclusivos del mundo, pero también con todo tipo de botellas propias y de terceros. Fieles a sus orígenes, la bodega de Esparreguera, Ca n'Estruc, continúa siendo el centro neurálgico de Vila Viniteca. Una casa, en la que vive Siscu Martí, que data del año 1500 y que tiene una veintena de hectáreas de viña para la producción de algunos de los vinos propios que hace la empresa. Pero si Ca n'Estruc empezó siendo una bodega humilde hace cinco siglos, actualmente es el centro logístico por el que pasan todas las botellas que se compran a través de la tienda web de Vila Viniteca.

El corazón y el cerebro de Vila Viniteca

Ca n'Estruc esconde un almacén subterráneo gigantesco en el cual hay más de 1.200.000 botellas de vino. Cada día se mueven 50.000 botellas de vino y funcionan, según explica Siscu Martí, como una farmacia: lo que no tienen hoy, lo podrán conseguir mañana. El almacén funciona 24 h al día, con tres turnos de ocho horas que permiten enviar botellas de vino a cualquier punto del Estado en un plazo máximo de 24 h a 48 h. Además, la gran mayoría del volumen de negocio es nacional, con solo un 5% de exportación al extranjero.

Almacén logístico de Vila Viniteca en Ca n'Estruc. / Foto: Oriol Foix
Almacén logístico de Vila Viniteca en Ca n'Estruc. / Foto: Oriol Foix

El almacén tiene 12 metros de altura y funciona con un programa informático automático que detecta el lugar más eficiente para colocar las botellas que llegan, en función de la previsión de salida que tienen. Cada día tienen camiones que van a Madrid, Bilbao o Málaga para hacer el envío de botellas, y en Catalunya lo hacen directamente con furgonetas. Además, para hacerlo aún más eficiente, los repartidores tienen un programa que les calcula la ruta más eficiente según el horario de entrega y los puntos donde deben descargar. Un auténtico rompecabezas logístico que permite disfrutar de los mejores vinos de manera rápida, eficiente y segura.

Lo que hace única la Cata por Parejas de Vila Viniteca es que no es un concurso de cata profesional

Quim Vila explicando cómo funciona el almacén logístico de Vila Viniteca. / Foto: Oriol Foix
Quim Vila explicando cómo funciona el almacén logístico de Vila Viniteca. / Foto: Oriol Foix

Concurso de Cata por Parejas

De la pasión por el vino nació, además del entramado logístico actual de Vila Viniteca, el concurso de Cata por Parejas que se celebra anualmente. En la primera edición, en el año 2008, participaron 84 parejas; cifra que ha tenido que ir aumentando debido a la altísima demanda de participación en el concurso hasta las 125 parejas actuales. Lo que hace única la Cata por Parejas de Vila Viniteca es que no es un concurso de cata profesional. Es decir, no es necesario dedicarse al mundo del vino para presentarse, a diferencia de muchos otros concursos de prestigio. Cualquier pareja amateur, tenga o no formación en enología, puede apuntarse al concurso. Un criterio del todo democrático que hace que las inscripciones siempre se agoten en pocos minutos. Son muchas las parejas que cada año se tienen que quedar en lista de espera.

De cada vino se tiene que acertar el país de origen, el año, las variedades de uva, la bodega, el elaborador y la denominación de origen

Quim Vila, Siscu Martí i Verònica Fuerte, dissenyadora del cartell del Tast per Parelles 2026. / Foto: Oriol Foix
Quim Vila, Siscu Martí y Verònica Fuerte, diseñadora del cartel de la Cata por Parejas 2026. / Foto: Oriol Foix

El concurso se estructura en dos fases: la previa, en la que participan todas las parejas y tienen que adivinar siete vinos; y la final, a la que solo pasan las 10 parejas que han obtenido más puntos en la fase previa y en la que tienen que adivinar siete vinos más. De cada vino se tiene que acertar el país de origen, el año, las variedades de uva, la bodega, el elaborador y la denominación de origen. Una tarea complicadísima que despoja a cualquier persona que se enfrente a un reto así. Hacer una cata a ciegas es muy complicado, especialmente con la presión que implica el prestigio del concurso y el cuantioso premio que ofrece Vila Viniteca. Quim Vila es quien se encarga de escoger personalmente los vinos que irán al concurso. La logística, sin embargo, es más complicada de lo que parece. Solo él y un reducidísimo equipo que le ayuda saben cuáles son los vinos que tendrán que adivinar los concursantes. Ni siquiera Siscu Martí, el otro socio de la empresa, sabe qué vinos escoge Vila. Al concurso se llevan más de una veintena de botellas, y allí mismo, antes de servirse, Vila escoge las botellas definitivas.