Nombrado “Personaje del siglo XX” por la revista Time y convertido en sinónimo universal de genialidad, Albert Einstein sigue despertando fascinación no solo por su teoría de la relatividad, sino también por su estilo de vida. Más allá de las frases dudosas que circulan en redes sociales, sí existen documentos y testimonios fiables que permiten conocer mejor sus rutinas cotidianas. Vestía de manera informal, caminaba varios kilómetros al día, dormía alrededor de diez horas y hacía pequeñas siestas. Además, fumaba en pipa y evitaba las medias. Dentro de ese conjunto de hábitos, la alimentación ocupó un papel cada vez más relevante, especialmente en sus últimos años.

Así eran las rutinas de Albert Einstein

Desde joven, Einstein mantuvo horarios relativamente estructurados. Según su ama de llaves, Herta Waldow, recogido en el libro Einstein at Home, el físico desayunaba cada mañana al menos dos huevos fritos con pan. Este detalle demuestra que, durante buena parte de su vida, no siguió una dieta estrictamente vegetariana. Sobre el almuerzo existen versiones diversas: algunos biógrafos señalan que le gustaban los espaguetis, mientras que otros, como el periodista Walter Isaacson en su biografía Einstein: His Life and Universe, apuntan que solía comer frijoles. En cualquier caso, su ritmo de trabajo intenso hacía que a veces incluso se saltara comidas.

Huevos fritos / Foto: Unsplash
Huevos fritos / Foto: Unsplash

La cena, antes de cambiar sus hábitos, solía consistir en carnes frías, quesos, fruta y té. Sin embargo, en la etapa final de su vida adoptó una alimentación prácticamente vegetariana por motivos de salud y convicción personal. En una carta escrita en 1954, un año antes de su muerte, afirmaba: “Vivo sin grasas, sin carne, sin pescado, pero me siento muy bien así”. Esta declaración refleja una decisión consciente orientada a mejorar su bienestar físico y a simplificar su dieta diaria.

Einstein también expresó en varias ocasiones su simpatía por el vegetarianismo desde un punto de vista ético y sanitario. Se le atribuye la frase: “Nada beneficiará tanto la salud humana y aumentará las posibilidades de supervivencia de la vida en la Tierra como la evolución hacia una dieta vegetariana”. Aunque algunas citas que circulan en internet son difíciles de verificar, sí está documentado que defendía una alimentación más ligera, con menor presencia de productos animales y mayor protagonismo de alimentos sencillos.

Optó por una dieta cada vez más vegetariana / Foto: Unsplash
Optó por una dieta cada vez más vegetariana / Foto: Unsplash

Tras su fallecimiento el 18 de abril de 1955, su cerebro fue estudiado durante décadas por el patólogo Thomas Harvey. Investigaciones posteriores, como las de la neuróloga Marian Diamond en 1985, revelaron particularidades en la estructura cerebral del científico, como una mayor proporción de células gliales. Aunque no existe evidencia directa que vincule su dieta con estas características, es interesante observar cómo combinaba una alimentación progresivamente más austera, actividad física regular y descanso abundante.

Está documentado que defendía una alimentación más ligera, con menor presencia de productos animales

La vida de Einstein demuestra que incluso las mentes más brillantes cuidaban ciertos aspectos básicos de la salud. Su transición hacia el vegetarianismo no fue una moda pasajera, sino parte de una visión más amplia sobre el bienestar. Un ejemplo de cómo la coherencia entre hábitos, alimentación y estilo de vida puede formar parte del legado de una figura histórica universal.