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Hay gestos que parecen pequeños, pero que pueden cambiar completamente el resultado de una paella. Uno de los más repetidos en muchas casas es remover el arroz una vez ya ha entrado en la paella, como si se tratara de un risotto, de un arroz meloso o de un guiso cualquiera. Pero las abuelas valencianas y muchos chefs coinciden en una norma básica, ya que si quieres hacer una paella como es debido, el arroz no se tiene que remover. Puede parecer exagerado, pero detrás de esta idea hay una razón muy clara. La paella necesita que el grano cueza quieto, bien repartido y en contacto con el caldo, el fuego y la superficie ancha del recipiente. Si lo mueves demasiado, rompes el equilibrio de la cocción y el resultado puede quedar pastoso, irregular y sin aquel punto tan buscado.

Remover demasiado la paella es uno de los errores más importantes a la hora de cocinar

Remover el arroz cambia la textura

La paella no funciona como otros arroces. En un risotto, por ejemplo, remover es parte de la técnica porque ayuda a liberar almidón y crear una textura cremosa. En una paella, en cambio, eso es justo lo que no se busca. El grano tiene que quedar suelto, sabroso y con una cocción uniforme, pero no pegajoso ni cremoso.

Por eso, una vez se añade el arroz y se reparte bien por toda la paella, lo mejor es dejarlo tranquilo. Se puede ajustar al principio, mover ligeramente el recipiente o repartir el grano con una cuchara en el primer momento, pero después hay que dejar que la cocción haga su trabajo.

Una paella. Foto: Pexels

Cuando se remueve demasiado, el arroz suelta más almidón y el caldo se vuelve más espeso. Eso puede hacer que el grano pierda definición y que el conjunto quede más parecido a un arroz revuelto que a una paella tradicional. También hay otro problema: al moverlo, se desordena la cocción. Algunos granos pueden quedar más expuestos, otros más hundidos y algunos pueden romperse. El resultado es menos regular.

El socarrat necesita poco movimiento

Una de las grandes razones para no remover el arroz es el socarrat. Esta capa tostada que se forma en el fondo no aparece por casualidad. Necesita tiempo, calor controlado y contacto directo entre el arroz, el caldo reducido y la base de la paella. Si se va removiendo, esta capa no llega a formarse bien. Se rompe antes de tiempo y se reparte por el conjunto, perdiendo el contraste que hace tan especial una buena paella.

La clave es trabajar bien antes de llegar a este punto. El sofrito debe tener sabor, el caldo debe estar bien medido y el arroz debe repartirse de manera uniforme desde el principio. Después, el fuego y el tiempo hacen el resto. También es importante no tener prisa. Una paella pide atención, pero no manipulación constante. Hay que mirarla, escucharla y controlar el fuego, pero no estar metiendo la cuchara cada dos minutos.

Así pues, si la paella te queda pastosa o sin gracia, quizás el problema no es el arroz ni la receta, sino ese impulso de remover. Las abuelas valencianas lo han sabido siempre y los chefs lo repiten por una razón muy sencilla: una buena paella necesita que el arroz cueza quieto. Solo así el grano queda suelto, el sabor se concentra y el socarrat tiene la oportunidad de aparecer como es debido.