Helena Maleno, activista en Ceuta: "Criminalizar a la infancia es clave para las políticas racistas"

Ya han pasado dos semanas desde la entrada masiva de más de 70.000 migrantes a Ceuta, en la cual murieron 145 personas, según los últimos cálculos de la organización Caminando Fronteras. En estos quince días, la sensación es que se habla menos de lo que pasa en la ciudad autónoma y nos centramos más en el choque político. Es decir, en las reticencias que genera el obligado y necesario reparto de menores migrantes no acompañados —¿que no se tendría que decir reubicación o traslado, mejor que "reparto"?— y en las también obligadas y necesarias explicaciones del Gobierno, por ejemplo. Aun así, la situación continúa siendo dramática en las calles de Ceuta, donde las ONG no descansan. Helena Maleno (El Ejido, 1970) es fundadora de Caminando Fronteras, y apenas ha respirado desde el pasado 30 de julio. Allí, ayuda a identificar a las personas que han muerto intentando llegar desde Marruecos a territorio español, por las cuales "ni siquiera ha habido un minuto de silencio".

Reconoce que van "muy desbordadas" y que su prioridad es el trabajo sobre el terreno, motivo por el cual pide responder a esta entrevista con ElNacional.cat con audios de WhatsApp. Aunque no sea en las condiciones que los dos hubiéramos deseado, conseguimos tratar algunos puntos clave de esta crisis. "Criminalizar a la infancia es clave para las políticas racistas", dice, preguntada por la situación de los menores. Asimismo, no se muerde la lengua a la hora de criticar la posición tibia del Gobierno con Marruecos ni la posición adoptada por países europeos. Todo, justo cuando este sábado estamos pendientes de los llamamientos en redes para una nueva entrada masiva.

¿Cuál es la situación en Ceuta, dos semanas después?
La situación es de abandono. Abandono al respeto a los derechos humanos de las personas que han llegado, incluido el respeto a los derechos de la infancia; a los derechos de las mujeres, que están siendo violentadas por una falta de protección; a la garantía de cosas básicas —suministros básicos, tener una manta, tener un techo, tener comida—. Y es un abandono también a toda la administración de Ceuta y la situación de Ceuta, que no tiene la operatividad que tiene que tener una ciudad para proteger y garantizar los derechos de todas las personas que están dentro de su territorio.

¿Cuál es vuestro trabajo allí?
Nuestro trabajo en Ceuta estos días ha sido, básicamente, verificar las personas víctimas de la tragedia y seguir trabajando con las familias de esas víctimas a un lado y a otro de la frontera para poder identificar y poder seguir buscando a las desaparecidas. Hay que valorar el trabajo de otras organizaciones como Elín, que lleva más de 20 años trabajando allí y cuyo trabajo en terreno es encomiable. También hay que poner de manifiesto el trabajo humanitario de muchas organizaciones musulmanas de Ceuta a la hora de acudir a las necesidades básicas, sobre todo la alimentación; y el trabajo jurídico que se ha hecho en colaboración con Elín para la protección de la infancia, de las mujeres víctimas de violencia y de los demandantes de asilo.

Lamentamos la instrumentalización de las personas que se juegan su vida en medio de intereses geopolíticos

Sabiendo que los perfiles de las personas que han entrado en Ceuta son muy diferentes, viniendo de Marruecos y de otros países de África, ¿cómo resumirías el motivo por el cual esta gente se juega la vida?
Como dices, cada perfil, cada país, cada lugar de origen, cada historia… es diferente. Entre los jóvenes marroquíes, argelinos o tunecinos, son historias de jóvenes que ya han demandado derechos sociales en todas esas manifestaciones de la generación Z, cuyas necesidades y cuya demanda de derechos se canalizan ahora mismo hacia ese proceso migratorio. Luego hay personas de países como Sudán, como Chad, República Democrática del Congo y países del Sahel, que están siendo víctimas terribles de conflictos bélicos. Demandantes de asilo, personas de colectivos LGTB, mujeres, con una demanda clara de derechos.

¿Cuál es la perspectiva de cara a los llamamientos para este sábado?
Vemos que Marruecos ha puesto una serie de ejercicios securitarios en la frontera. No sabemos por qué sucedió aquello [la entrada masiva de los días 30 y 31 de julio]; hay que seguir analizando toda la cuestión geopolítica que ha llevado a que 73.000 personas pudieran moverse sin ningún problema y atravesar la frontera —que es una frontera con unas inversiones tecnológicas, de seguridad y de medios brutal—, y por qué ahora sí que hay capacidad [para evitarlo]. Es un poco ese juego de abrir, cerrar, abrir, cerrar…, pero que, en este caso, cuenta con una geopolítica diferente, mundial, donde sabemos que Marruecos cuenta con una serie de socios que han cambiado el orden mundial, como son Donald Trump, Estados Unidos y las autoridades sionistas. Así que, poniendo esto sobre la mesa, con este nuevo panorama en el que las relaciones internacionales están basadas en la fuerza, cualquier cosa es posible. Lamentamos la instrumentalización de las personas que se juegan su vida en medio de estos intereses geopolíticos.

No me sorprendre la falta de críticas porque es la relación que siempre se ha tenido con Marruecos

Se habla de mafias, de Marruecos, de España… ¿Quién es el responsable de la crisis?
El discurso de las mafias, que tanto ha servido a la Unión Europea durante tantos años, está clarísimo que aquí en estos momentos no le sirve para nada. Aquí hay una responsabilidad evidentemente estatal, directa y más clara. Se está respondiendo a una situación que es nueva, desde la extrema derecha hasta la izquierda, con relatos que valían hace 20 años o valían antes de 2021. Narrativas que ya no valen.

¿Te sorprende la falta de críticas a Marruecos por parte de España?
No me sorprende esa falta de críticas porque es la relación que siempre se ha tenido con Marruecos. Ese juego donde se ha olvidado la buena vecindad, se ha olvidado la construcción y promover que haya menos injusticia social entre las dos partes de la frontera para centrarse en unas políticas de chantaje, donde entran los migrantes como moneda de cambio. También los intereses económicos, estratégicos, territoriales… Es una política que lleva pasando más de 40 años y que no sorprende. Suponemos o queremos pensar que a nivel diplomático haya otros movimientos que no sean públicos, pero evidentemente esas relaciones no están poniendo en el centro los derechos de los pueblos, ni de los ciudadanos marroquíes, ni de los que están en tránsito por Marruecos, ni de los del Estado español.

Hay muchas empresas europeas que con esta situación y este tipo de conflictos van a ganar dinero

Respecto al reparto de los menores que continúan en Ceuta, ¿te sorprende la posición de Junts en Catalunya y los gobiernos autonómicos PP-Vox?
No nos gusta la palabra reparto; como mucho se podría hablar de una reubicación. No repartes gente como se reparten cartas, o niños y niñas y adolescentes. Reubicas teniendo en cuenta que, en otros lugares, a esos niños, niñas y adolescentes se les podrá dar una protección como indica nuestra ley. Esa sería la base. Y no me sorprende la posición ni de Junts, ni de determinados gobiernos autonómicos, porque la criminalización de la infancia migrante es una de las grandes claves de las políticas racistas del Estado español, y de las políticas de odio y de miedo que desgraciadamente dan votos. Desde que empezaron a llamar menas a la infancia, a los niños, niñas y adolescentes, deshumanizando; o reparto, deshumanizando… una de las claves de las políticas de odio y enfrentamiento ha sido la infancia. Entonces, no sorprende. Sí que sorprende la falta de solidaridad con el resto de los territorios. Que la infancia migrante sea objeto de toda esta ignominia es desgraciadamente una realidad, pero que haya territorios que comparten el mismo partido en el gobierno, como es Ceuta y otros gobiernos del PP, y que prime más el odio que la solidaridad…

¿Y la posición tanto de Italia como, sobre todo, de Dinamarca?
La posición de la Unión Europea tampoco sorprende. El auge de los movimientos de extrema derecha en Europa, la blanquitud… La situación también se alimenta del miedo y de la falta de solidaridad. Es una política que se repite en todo el territorio europeo. Hemos visto lo que es el pacto de inmigraciones: poner por escrito las vulneraciones de derechos humanos. Luego, dentro de ese miedo, hay mucho dinero. Mucho dinero de empresas securitarias y de empresas de venta de armamento. Muchas, de origen europeo, que con esta situación y este tipo de conflictos, o viendo la migración como una amenaza híbrida, van a ganar dinero.

No solo se ha abandonado a las vivas, sino que ni siquiera ha habido un minuto de silencio por las muertas

No es solo Ceuta, también son las Balears. Hace justo un año hablamos de este tema y te quejaste de la falta de medios, de que no se reconocía la ruta, de que a los migrantes se les negaban los derechos humanos y la única preocupación era que dejaran las islas. ¿Crees que la situación ha cambiado?
Bueno, han mejorado algunos medios. Cuando hablamos de acogida, hay algunos medios más. Es verdad, pero todavía sorprende la falta de medios hablando del tránsito. Si vemos el tránsito que hay de personas en Balears, faltan muchísimos medios de búsqueda y rescate. Y sigue faltando coordinación con Argelia, poniendo en el centro la vida. Es decir, no solo coordinación con un enfoque de control, que son las relaciones que generan con esos países del norte, sino de protección de la vida, de coordinarse para la búsqueda de una embarcación y para que nadie muera, para que nadie quede en el mar.

Finalmente, una pregunta seguramente sin respuesta, pero que hay que plantear: ¿Y esto, cómo se arregla? ¿Qué se puede hacer?
Estamos en un momento, como dicen, muy líquido. En un momento de cambio, donde las reglas internacionales han cambiado, donde los cambios son muy rápidos, donde existe todo el tema de redes sociales, que puede situar una narrativa en un lado y en otro, y creo que hace falta más reflexión. Una reflexión a corto plazo, que yo creo que se está haciendo bien: mucha de la ciudadanía de Ceuta ha apostado por intentar estabilizar la situación de derechos humanos y humanitaria en su territorio. Pero hay mucha otra gente, como decía al principio, sorprendida, sobre todo con narrativas trasnochadas que no encajan en el momento histórico que estamos viviendo. Entonces, no tengo la solución, evidentemente, ni siquiera el pensamiento de la solución, ni la solución en mis manos, ni en nuestras manos. Pero es un momento para escuchar, para no abandonar, para poner los derechos humanos en el centro. Si toda la gente que está en Ceuta tiene protegidos sus derechos con medios suficientes, la respuesta que se habrá dado a lo que pasó el 30J será una respuesta a la altura de una democracia. Pero esto no está pasando. Hay que escuchar, ver lo que supone la seguridad. La seguridad no es solo mandar militares, tal vez sea enviar a Ceuta más trabajadores sociales, más agentes de protección de la infancia, más reconstrucción de ciudadanía. Necesitamos empezar por lo micro para reflexionar sobre lo macro, pero hace falta silencio. No está habiendo silencio en estos momentos para acuerparse y poder pensar. Sobre todo, no solo se ha abandonado a las vivas, sino que ni siquiera ha habido un minuto de silencio, ni unos días de duelo y luto, por las muertas.