La construcción en España está viviendo un momento de alta actividad y demanda: se visan miles de nuevas viviendas, se impulsan proyectos públicos y privados, y la presión por ampliar la oferta de casas y rehabilitaciones es constante. Pero detrás de esta aparente reactivación hay un problema estructural que muchos profesionales del sector —como Pascual, constructor— perciben día tras día: “No encuentro gente capaz de dirigir una obra, nadie quiere trabajar de esto”. Esta frase resume una situación cada vez más común en el sector: escasez de mano de obra cualificada, envejecimiento de plantillas y dificultades para atraer talento joven.

El estado actual de la construcción en España

Aunque el mercado laboral español ha registrado cifras de empleo históricamente bajas de desempleo en 2025 —por debajo del 10 %— y la afiliación ha crecido, el sector de la construcción presenta una dinámica distinta. Según datos oficiales y estudios sectoriales, la construcción necesita cientos de miles de trabajadores adicionales, incluso en roles básicos y técnicos. Se estima que entre 700.000 y 800.000 personas serían necesarias para cubrir tanto la demanda de obra nueva como de rehabilitación y mantenimiento.

Una de las causas principales es la falta de personal cualificado y la escasez de relevo generacional. El envejecimiento de la plantilla ha elevado la edad media de los trabajadores de la construcción a más de 45 años, y una proporción cada vez menor de jóvenes entra en el sector. Esto ha generado un vacío, especialmente en perfiles técnicos y de dirección de obra, que requieren no solo fuerza física, sino experiencia, conocimiento de normativa, gestión de equipos y habilidades organizativas.

Vivienda grúa edificio construcción Europa Press

Además, el número de trabajadores en construcción respecto al total de ocupados sigue por debajo de la media histórica, lo que evidencia que pese a la reactivación del sector, no se consigue atraer suficiente mano de obra.

Dirección de obra: una profesión compleja y poco atractiva

Dirigir una obra no es lo mismo que estar en el terreno con una paleta o una hormigonera. El jefe de obra o encargado de dirección de ejecución debe gestionar múltiples aspectos: seguridad en la obra, coordinación de subcontratas, control de calidad, supervisión de plazos y presupuestos, relación con clientes y administraciones, y manejo de imprevistos técnicos. Es una tarea que combina habilidades técnicas con capacidad de liderazgo, formación y, muchas veces, presión por cumplir calendarios y márgenes económicos.

Pese a su relevancia, este tipo de puestos no siempre se perciben como atractivos para las nuevas generaciones. La elevada responsabilidad, los horarios exigentes, el trabajo al aire libre y a menudo desplazado de los centros urbanos pueden desincentivar a muchos jóvenes, que optan por sectores con rutinas más estables, jornadas menos intensas o perciben mejores condiciones en otros campos.

Dificultades recientes y sus consecuencias

La escasez de profesionales en la construcción no solo afecta la dirección de obra, sino que también se traduce en retrasos en plazos de entrega de proyectos, costes más altos y riesgo de estancamiento de promociones. En provincias como Málaga, la falta de cuadrillas completas de trabajo ya está provocando paradas o demoras en proyectos residenciales por falta de albañiles, electricistas o directores de obra.

Al mismo tiempo, el déficit de trabajadores cualificados puede aumentar la presión salarial en ciertos cargos, pero también puede limitar la capacidad de respuesta del sector ante la alta demanda de vivienda y otras infraestructuras. Esto se suma a otros retos, como la necesidad de mejorar la productividad, la formación digital y técnica de los empleados, y la integración de nuevas tecnologías y métodos constructivos.

Un sector con oportunidades, pero con retos formativos

La queja de Pascual —que cuesta encontrar quien dirija una obra— es más que anecdótica: refleja un problema profundo de falta de talento, envejecimiento profesional y escasa atracción juvenil al sector de la construcción. Para revertir esta situación, se necesitarán incentivos, formación específica, campañas de atracción de jóvenes (incluyendo a mujeres, que aún representan una minoría en este ámbito) y estrategias para dignificar y modernizar las profesiones de la construcción.

Mientras tanto, la demanda de obras sigue creciendo y sin suficientes gestores y técnicos cualificados, muchos proyectos pueden verse tensionados o demorados, afectando no solo al sector, sino al mercado de la vivienda y la economía en general.