La decisión de la Unión Europea, Gran Bretaña o Israel de seguir los pasos de Estados Unidos de instar a sus ciudadanos a abandonar lo más rápidamente que puedan Ucrania, ya que la situación se podría descontrolar en breve y la invasión rusa sería una posibilidad real la semana próxima, ha dado un giro de 180 grados a los pronósticos que se hacían hace tan solo 72 horas. Lo que era una eventualidad teórica ha pasado a ser una amenaza real, a expensas tan solo de que Vladímir Putin decida iniciar el conflicto bélico. Las tropas rusas están ya en la frontera y la invasión será efectiva cuando el presidente ruso dé por acabadas las acciones diplomáticas que se han intentado llevar a cabo, con un aparente escaso interés por su parte. De hecho, son poco creíbles las afirmaciones de Moscú que la presencia militar es solo una protección contra la expansión de la OTAN hacia el este.

Son muchos los observadores convencidos de que hace mucho tiempo que Putin desea un conflicto armado y que el de Ucrania le viene como anillo al dedo para demostrar su potencia militar y volver a situar a Rusia en la mesa del poder global que hoy comparten en exclusiva Estados Unidos y China. Pasar de una gobernanza a dos a otra a tres tendría consecuencias, ya que el eje ruso-chino o mejor dicho chino-ruso no dejaría en la mejor posición a Occidente. Algunos diplomáticos occidentales conocedores de la reacción rusa venían señalando hace tiempo que Putin no se iba a conformar con amenazar a Ucrania, ya que tenía, además de la fuerza militar, varios ases en la manga de enorme impacto económico para Occidente.

Lo que se ha filtrado de la conversación mantenida por Biden con varios jefes de Estado y de gobierno de los países punteros europeos y Canadá, así como los líderes de la Unión Europea y los mandatarios de países del antiguo bloque soviético, permite aventurar que más allá del obligado mensaje de que se sigue trabajando en la vía diplomática y en la disuasión, lo que se está intentando forjar es un frente común de respuesta a Rusia ante la eventualidad de que el ataque finalmente se produzca.

Entre la docena de interlocutores de Biden no estuvo, una vez más, Pedro Sánchez, quien pese a sus esfuerzos por hacerse un sitio entre el grupo de dirigentes mundiales en este conflicto volvió a ser excluido de las conversaciones. Cierto que ya habrá quien le explique lo que allí se ha hablado, pero no deja de ser frustrante que la colaboración militar que se presta a la OTAN reciba siempre el mismo desaire por la incompetencia del presidente del gobierno español. Por cierto: ¿va a explicar España cuál va a ser su participación si realmente las previsiones de Estados Unidos se cumplen y el martes que viene la invasión rusa es una realidad?

Porque centrar todos los esfuerzos en el resultado electoral en Castilla-León de este domingo está bien como secretario general del PSOE. Pero ¿qué piensa hacer como presidente del Gobierno en lo que respecta al frente ucraniano? ¿Y Podemos? Entre los que miran y remiran encuestas en la Moncloa los hay quienes a buen seguro piensan que si tiene que haber un conflicto bélico se han salvado por una semana, ya que estos temas en campaña no son especialmente cómodos para la izquierda.