Guánica (costa sudoeste de la entonces colonia española de Puerto Rico), 25 de julio de 1898. Hace 128 años. Un cuerpo del ejército de Estados Unidos, comandado por el general Nelson A. Miles y formado por 18.000 efectivos, desembarcaba e iniciaba la conquista de la isla. Pasadas tan solo tres semanas, el 12 de agosto de 1898, el aparato colonial español presentaba su rendición. La investigación historiográfica revela que los estadounidenses completaron aquella operación en un espacio tan corto de tiempo porque encontraron una resistencia mínima. Previamente, el Departamento de Inteligencia de la Armada de Estados Unidos había allanado el camino a la conquista, buscando y logrando el apoyo de un segmento estratégico de la sociedad puertorriqueña. ¿Cuál era este segmento social y por qué pactó con los estadounidenses la conquista de la isla?
El independentismo puertorriqueño
La rápida conclusión de la empresa militar estadounidense puede hacer pensar que la sociedad puertorriqueña de la época —al menos las oligarquías— no había desarrollado un proyecto independentista. Nada más lejos de la realidad. El independentismo puertorriqueño ya había sido formulado tres décadas antes. De hecho, y coincidiendo —muy reveladoramente— con la Revolución Gloriosa española —la de los generales Prim, Serrano y Topete (19 de septiembre de 1868)—, que había destronado y expatriado a la reina Isabel II, el Comité Revolucionario de Puerto Rico —liderado por el Dr. Ramón Emeterio Betances— había impulsado el estallido de la primera Revolución independentista puertorriqueña, el Grito de Lares (23 de septiembre de 1868). Entonces, transcurridos treinta años (1898), ¿qué había pasado con el independentismo puertorriqueño?
La represión española
La primera experiencia independentista puertorriqueña no tuvo éxito. La profesora Marisabel Bras, de la Universidad de Puerto Rico, explica que el ejército colonial español —a las órdenes del gobernador José Laureano Sanz y Posse— derrotó a los independentistas. Y, a continuación, el conjunto del aparato de dominación colonial (ejército, Guardia Civil, paramilitares) desplegaría una intensa represión (detenciones indiscriminadas, torturas brutales), que tendría un impacto extraordinario en la sociedad puertorriqueña. La misma profesora explica que, incluso, aquella parte de la sociedad local que no se había sentido interpelada por la iniciativa del Dr. Betances, desarrollaría un sentimiento de odio profundo hacia los españoles, que se intensificaría, especialmente, durante la crisis económica de 1880-1885.
El caldo de cultivo
La administración colonial española, lejos de plantear medidas conciliadoras, practicó una represión sostenida en el tiempo, que escalaría el conflicto hasta límites inéditos. El aparato colonial español activó todos los recursos a su alcance para detener el independentismo (militar, policial, administrativo, tributario) y, desde la proclama de Lares (1868) y la derrota militar de los independentistas, puso en práctica varias formas de represión, una de las cuales consistía en la discriminación sistemática de los productores y comerciantes criollos —sospechosos de simpatizar con el movimiento del Dr. Betances— en beneficio de los españoles de nacimiento. La arbitrariedad del poder colonial, en forma de detenciones, registros, denegaciones de estiba o inspecciones tributarias, o, directamente, en forma de confiscaciones, se convirtió en práctica habitual.
La estrategia estadounidense
A todo esto se sumaría un paisaje social inflamado, debido a la crisis económica que había situado a las ¾ partes de la población portorriqueña en una posición de extrema dificultad y que se prolongaría hasta el fin del dominio colonial español (1898). A inicios de 1898, aprovechando el conflicto bélico en la vecina isla de Cuba, que enfrentaba al ejército colonial español y a los independentistas cubanos, el Departamento de Inteligencia Naval de Estados Unidos, que durante la década anterior había diseñado la estrategia de expansión militar estadounidense en el mar Caribe, consideró que, en Puerto Rico, se daban todos los elementos para precipitar una transferencia de dominio. Y, previamente al desembarco, negoció con los productores y comerciantes criollos una intervención militar con el objetivo de expulsar la dominación colonial española.
La no independencia: la “compra” de Puerto Rico
Pero, a diferencia de lo que sucedía y sucedería en Cuba o en Filipinas, la administración de Washington había escrito un destino diferenciado para Puerto Rico. El profesor Carmelo Delgado Cintrón, de la Universidad de Puerto Rico, explica que la sociedad local (tanto los productores y comerciantes criollos como los jornaleros de ascendencia esclava) recibió entusiásticamente al ejército de Estados Unidos. El profesor Delgado explica que, en aquel contexto sociológico, los soldados estadounidenses usurparon el papel que le habría correspondido al activismo armado independentista. Poco después (12 de abril de 1900), el presidente McKinley sancionaría la ley Foraker, que creaba la ciudadanía puertorriqueña y otorgaba la nacionalidad estadounidense a todos los habitantes de la isla. Se había consumado la “compra” de Puerto Rico.
