La familia Bacardí, originaria de Sitges, creó en 1862 en Santiago de Cuba una de las marcas más conocidas de ron. Más de un siglo y medio después, la quinta generación de esta estirpe lidera el tercer grupo mundial de bebidas espirituosas, con cerca de 200 referencias, que incluyen, además de las variedades de ron Bacardí, el vermut Martini, el vodka Eristoff, la ginebra Bombay Sapphire, el tequila Patrón o el whisky Dewar’s.

El catalán Facundo Bacardí Massó (Sitges, 1813-Santiago de Cuba, 1886) emigró a la perla de las Antillas cuando solo tenía 15 años y, décadas después, fundó Bacardí, que en la actualidad está presidida por uno de sus tataranietos, con el mismo nombre y apellido, pero sin el acento, el estadounidense Facundo L. Bacardi (en la imagen superior). Este último reside en Miami, viaja a menudo a Hamilton –capital del archipiélago de las Bermudas, donde se encuentra la sede mundial del grupo– y alguna vez ha visitado Catalunya.

En el año 2009, Facundo L. Bacardi viajó a Sitges, cuando se inauguró un monumento en memoria de su tatarabuelo, pero en 2021 clausuraron la Casa Bacardí –una especie de museo sobre la marca y su fundador, que estaba situado en el edificio del Mercat Vell de esta villa– y unos años antes, en 2017, cerraron la última planta de producción que mantenían en Catalunya y en España, la de Mollet del Vallès. Eso sí, el domicilio social y oficinas de la filial Bacardí España continúan en Barcelona, en el edificio El Triangle de plaza Catalunya.

La compañía Bacardí nació en Cuba, pero el régimen castrista les expropió la destilería en 1960 y, desde entonces, han mantenido una guerra judicial contra las autoridades de La Habana que, de momento, están perdiendo. El pasado junio, un tribunal de apelaciones de Richmond (Virginia) rechazó el recurso de Bacardí contra una resolución de la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos, que resolvió que no pueden utilizar la marca Havana Club en este mercado.

Bacardí siempre ha defendido que tiene derechos de propiedad sobre la antigua empresa cubana de destilados José Arechabala, fundada por una familia de origen vasco y que incluye la conocida marca de rones Havana Club. En la actualidad, la propiedad corresponde a Cubaexport, empresa pública cubana, que comercializa la marca Havana Club por todo el mundo mediante una alianza con la francesa Pernod Ricard, el segundo grupo mundial de bebidas alcohólicas por volumen de ventas. Bacardí ha lanzado varias ofensivas judiciales contra la administración cubana para recuperar activos perdidos después de la revolución de los barbudos, pero no lo ha conseguido.

Curiosamente, en la familia Bacardí hay héroes de la guerra de la Independencia cubana, o sea, independentistas cubanos, uno de los cuales —en la segunda generación— fue preso político en cárceles españolas precisamente por sus opiniones. Y décadas después, con la revolución castrista, acabaron en el exilio. Sin embargo, en declaraciones públicas, Facundo L Bacardi no descarta volver a invertir en la isla cuando se den las condiciones y, evidentemente, después de que se levante el histórico embargo decretado desde Washington.

La historia comienza con Facundo Bacardí Massó, hijo de Joan Bacardí, maestro de obras de La Secuita (Tarragonès), y de la sitgetana Màxima Massó. En 1828, cuando solo contaba 15 años, se embarcó rumbo a Santiago de Cuba, donde tenía familiares, para trabajar en una tienda de lencería. Se casó con Amalia Victoria Moreau, hija de una acaudalada familia de colonos franceses que había huido de Haití a raíz de la revolución de los esclavos de finales del siglo XVIII. Con la herencia que les dejó un tío de Amalia, el matrimonio compró una vieja destilería de Santiago de Cuba y empezó a experimentar con el ron, hasta conseguir uno más suave y ligero, diferente de todo lo que había en el mercado. Lo vendía con la imagen de un murciélago, que para los cubanos es símbolo de la buena suerte —esta idea se atribuye a Amalia—, por lo que este licor fue conocido por el nombre de "ron del murciélago". Enseguida se convirtió en el más vendido.

Facundo y Amalia tuvieron tres hijos: José, Emilio y Facundo Bacardí Moreau, que trabajaron en el negocio familiar. No fue un camino de rosas: un terremoto y la guerra de la Independencia hicieron peligrar la continuidad de la destilería. Los dos hijos pequeños apoyaron públicamente a los independentistas que luchaban por separarse de España. Incluso, Emilio (Santiago de Cuba, 1844-1922) acabó dos veces en cárceles españolas —primero, en las islas Chafarinas, situadas frente a la costa de Marruecos; y años después, en Ceuta, además de sufrir el exilio en Jamaica— acusado de propaganda y de facilitar armas a los rebeldes. Empresario y escritor, después de la guerra entre España y Estados Unidos, fue elegido alcalde de Santiago de Cuba (1901-1906) y, posteriormente, senador de la nueva República por el Partido Conservador.

Uno de los hijos de este último, Emilio Bacardí Lay —de la tercera generación—, fue coronel del ejército libertador, que luchaba contra España, y ayudante del gran héroe del independentismo cubano Antonio Maceo. Pero acabó emigrando a Miami en 1941, mucho antes de la revolución castrista, donde falleció en 1971, a los 95 años de edad.

Curiosamente, en esta familia que dio relevantes independentistas cubanos, el fundador, el sitgetano Facundo Bacardí Massó, fue un defensor de la soberanía española sobre la isla. Incluso, fue sargento de un batallón de voluntarios en Santiago de Cuba.

En la historia de la compañía Bacardí hay hechos sorprendentes. El primer lugar donde se embotelló el ron Bacardí fuera de Cuba fue en Barcelona, en 1910, y posteriormente, en Nueva York, pero una década después cerraron la actividad en Estados Unidos a raíz de la promulgación de la ley seca. Sin embargo, una avalancha de sedientos norteamericanos seguían viajando a Cuba en busca del ron del murciélago.

Monumento a Bacardí, en Sitges, obra del artista Lorenzo Quinn, hijo del actor Anthony Quinn / Wikipedia

En realidad, la revolución castrista no les pilló por sorpresa porque, cuando el régimen les expropió la destilería de Santiago de Cuba, ya poseían instalaciones en Puerto Rico, México, Bahamas, Estados Unidos y también en Italia. En la actualidad, al frente de la matriz Bacardí Limited, con sede social en Barbados, se encuentra Facundo L. Bacardi, en calidad de presidente del consejo de administración desde hace 20 años. También dirige el fondo de inversión Apache Capital y la Facundo and Amalia Bacardi Foundation, con sede en Coral Gables (en el área metropolitana de Miami), dedicada a programas de ayuda social.

Bacardí es el tercer grupo mundial de bebidas alcohólicas, con una facturación alrededor de 5.000 millones de dólares y 8.000 empleados en todo el mundo, pero a distancia del segundo, Pernod Ricard (12.000 millones de dólares y 20.000 empleados), y del primero, Diageo (20.200 millones de dólares y 30.000 empleados). El pasado junio, Bacardí completó la compra de Teeling, una marca de whisky irlandés, lo que ha incrementado su endeudamiento. Sin embargo, los beneficios del grupo se situarían este 2026 en unos 1.300 millones de dólares, según las previsiones avanzadas por Fitch.

En declaraciones a Financial Times, Ignacio 'Nacho' del Valle, miembro de la quinta generación de la familia Bacardí, director de la compañía para Europa y Latinoamérica, apuntaba el año pasado que están en mejores condiciones que sus competidores para aguantar la caída de ventas de las bebidas alcohólicas, detectada en el sector después de la pandemia, precisamente por su estructura familiar. Considera que pueden soportar mejor las presiones que Pernod o Diageo. Más de un centenar de descendientes del fundador se mantienen como accionistas. Según el mencionado medio británico, Nacho del Valle se encuentra en "una posición privilegiada" para dirigir el grupo en un futuro. Desde 2017, el primer ejecutivo es Mahesh Madhavan, que no forma parte de la familia.