En Francia se han acabado los vuelos domésticos: un decreto gubernativo establece que no va a haber aviones circulando entre ciudades que estén a menos de dos horas y media de tren y que estén conectadas por varias expediciones diarias. En España, una medida así implicaría la desparición del puente áereo y los vuelos que unen Madrid con Sevilla, Cordoba, Málaga, Valencia, Alicante, Valladolid o Albacete. ¿Estamos de verdad ante una revolución del transporte interior que puede acabar exportándose desde Francia al resto de Europa?
Excepciones
En la norma aprobada en Francia se incluyen ciertas excepciones como, por ejemplo, todos los vuelos que tengan salida o llegada en el Aeropuerto Charles de Gaulle. Otra excepción tiene que ver con el tiempo de permanencia del viajero en destino: si va a estar menos de ocho horas, podrá echar mano del avión. En la práctica, la medida afectará a las conexiones entre el Aeropuerto de París-Orly con los Nantes, Lyon y Burdeos y, además, existe la posibilidad de esquivar las prohibiciones aterrizando en el Charles de Gaulle. Con todo, e incluso con las excepciones indicadas, hay un dato que Macron repite a menudo: el 30% de las emisiones de gases nocivos a la atmósfera se derivan del transporte y, por eso, han elegido: energía nuclear —e hidrógeno procedente de nucleares también—, pero aviones de cercanías, no.
¿Funcionaría aquí?
Muy probablemente, sí, ya que España dispone de una tupida red líneas ferroviarias de Alta Velocidad que conectan las capitales de provincia y alguna que otra ciudad media como Puertollano, Antequera, Calatayud, Elche, Loja, Medican del Campo, Orihuela, Villanueva de Córdoba o Requena. El problema, sin embargo, no tiene que ver con la capilaridad de la red ni, tampoco, con los operadores, que ya son cuatro: tiene que ver con el abandono que, en paralelo a la expansión de las líneas de Alta Velocidad, están experimentando las líneas de media distancia, que son las que articulan el territorio. Con más trenes regionales y de cercanías, el tren ganaría viajeros y las carreteras perderían usuarios; pero todo indica que los planes en marcha van por otro lado.
