Sin esperma, sin óvulos y sin útero: así es como el laboratorio del biólogo israelí Jacob Hanna ha conseuido cultivar embriones sintéticos más allá del octavo día de desarrollo a partir de células embrionarias de esta especie de roedores. Lo lograron, y así se explica e en un artículo de la revista Cell, utilizando un útero mecánico en el que los embriones flotan en pequeños botes con una solución llena de nutrientes. Además, los vasos se encierran en un cilindro giratorio que los mantiene en constante movimiento y simula el fluir de la sangre y los nutrientes hacia la placenta. El cilindro, de hecho, hasta es capaz de replicar la presión atmosférica de un útero real de ratón. El experimento fue tan exitoso que ha sido replicado por un equipo de la Universidad de Cambridge con una tasa de éxito mayor y un mayor grado de desarrollo cerebral en los embriones.

Embriones reales y embriones sintéticos

La experiencia británica, publicado en la revista Nature

La experiencia del equipo de investigadores de Cambridge ha sido recogida en la revista Nature, que detalla como, con la profesora y bióloga Magdalena Zernicka-Goetz al frente, han conseguido imitar los procesos naturales de la reproducción guiando a las células madre para que se organizasen en estructuras que progresaron hasta que los embriones presentaron corazones capaces de latir y los rudimentos de un futuro cerebro. Estructuras como el saco vitelino y la placenta estaban presentes también, pero no el cordón umbilical, lo que impide implantar estos embriones en un útero real.

Diferencias con el proyecto israelí

 Aunque con una misma base y una duración similar (8,5 días, la mitad del embarazo de una ratona) ambas experiencias presentan diferencias: los embriones del equipo de Zernicka-Goetz utilizaron una mezcla de otro tipo de células embrionarias que dieron lugar a un mayor desarrollo de estructuras como el cerebro anterior. La tasa de éxito fue del 1%, el doble que la del experimento israelí. El problema de ambos es el mismo: hablamos de tasas muy bajas porque muchos de los embriones se malogran en laos primeros compases de la prueba. Además, todos presentan notables defectos en la organización de tejidos y órganos, explica Alfonso Martínez, investigador en Sistemas de Bioingeniería-MELIS de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. El avance, por tanto, es notable, pero todavía es difícil de implementar, aunque a nadie se le escapa que estamos, sin duda, ante un sistema que, si se desarrolla en plenitud, serñía perfectio para crear órganos sintéticos para trasplantes. Un embrión, que nadie lo dude, es la mejora bioimpresora 3D que existe.