Catalunya figura entre los territorios del Estado con afectaciones por el brote que ha provocado la hospitalización de trece bebés tras consumir leche de fórmula retirada por la posible presencia de la toxina cereulida. El Ministerio de Sanidad ha confirmado que todos los menores ya han recibido el alta médica, a pesar de que uno de ellos tuvo que ingresar en la unidad de cuidados intensivos al presentar, además de los síntomas digestivos, una infección respiratoria. El Ministerio ha trasladado al Centro Europeo para el Control de Enfermedades un total de 41 casos comunicados por una decena de comunidades autónomas, entre las cuales se encuentra Catalunya, en un episodio que mantiene activados los sistemas de vigilancia sanitaria.
Los cuadros clínicos detectados se han caracterizado principalmente por vómitos y diarrea después de la ingesta del producto, con una edad media de los bebés afectados situada alrededor de los cuatro meses. Paralelamente, se han identificado diez episodios adicionales con sintomatología compatible en niños que también habrían consumido leches de las marcas retiradas, aunque en nueve de estos casos no se ha podido determinar el lote concreto ingerido, hecho que complica la trazabilidad del origen.
Con incidencia en el continente europeo
La incidencia no se limita al Estado español y se han notificado situaciones similares en varios países de la Unión Europea que podrían tener relación con el mismo producto, aunque de momento no existe una definición común de caso a escala continental. Esta falta de homogeneización impide establecer con precisión el alcance real del brote, mientras las autoridades sanitarias mantienen la retirada preventiva de los lotes afectados y el seguimiento de los menores que han presentado síntomas.
¿Qué es la toxina cereulida?
La toxina cereulida que se investiga en los lotes de leche de fórmula retirados está asociada al Bacillus cereus, un bacilo formador de esporas que se encuentra de manera natural en la tierra. Estas esporas, resistentes y prácticamente omnipresentes, facilitan que se puedan contaminar diferentes alimentos y son una de las principales preocupaciones cuando se trata de evitar el deterioro alimentario. La cereulida, además, es termoestable y resiste tanto la acidez como la acción de las enzimas digestivas, de manera que puede continuar presente aunque los procesos de conservación hayan eliminado los gérmenes vivos. La ingesta de alimentos contaminados acostumbra a provocar náuseas y vómitos y, en exposiciones elevadas o en población vulnerable —como niños o personas con patologías hepáticas—, puede llegar a causar un daño hepático agudo.
