Mucho tiempo ha transcurrido desde que el 14 de noviembre de 1953 los 32.000 socios de entonces del Futbol Club Barcelona pudieron acudir a las urnas para escoger de manera tan masiva al presidente de la entidad, con la victoria de Francesc Miró-Sans, un empresario del textil recordado por impulsar la construcción del Nou Camp, inaugurado en 1957. Desde entonces se han celebrado 16 elecciones en las que, por sufragio directo, han podido emitir su voto todos los socios, pero será esta vez, la de las elecciones de 2026, cuando volverá a haber por delante algo tan importante, tan definitivo, como la inauguración de un nuevo Nou Camp, en este caso para 105.000 espectadores, que lo convertirá en el estadio más grande de Europa. Este domingo, en el partido de liga frente al Sevilla y una vez concedida por parte del Ajuntament la licencia correspondiente, el aforo ya se elevará a 62.652 espectadores tras la apertura de la zona del Gol Nord.
Siguiendo el camino emprendido en 1953, este domingo podrá emitir su voto una masa social que supera los 140.000 socios. Y frente a agoreros que en 2021 daban por hecho que el club sería inevitablemente una Sociedad Anónima, la entidad sigue siendo de los socios, exclusivamente de ellos. Ese es el primer mantra que, por suerte, no se ha hecho realidad. Los socios y solo ellos pueden fijar el destino del club y en manos de quién queda. Además, después de este último mandato de Joan Laporta que inició en marzo de 2021 —los dos anteriores entre 2003 y 2010 quedan muy lejos—, la obra deportiva y económica de estos cinco últimos años es perfectamente evaluable. Tanto que aquel negro túnel de 2021 en el que se encontraba la entidad ha dado paso a una situación radicalmente diferente.
El Futbol Club Barcelona tiene por delante muchos retos si quiere seguir siendo una entidad de referencia en el continente
Muchas veces se dice erróneamente que en la vida el acierto o el fracaso es cuestión de suerte. Nada más lejos de la realidad. Lo que determina una cosa u otra es el acierto, la persistencia, la intuición y la capacidad. Las posibilidades de poder ser un líder o un simple aventurero. Decía el escritor y filósofo estadounidense Ralph Waldo Emerson que la confianza en uno mismo es el primer secreto del éxito y cuesta no estar de acuerdo con esta afirmación. El Futbol Club Barcelona tiene por delante muchos retos si quiere seguir siendo una entidad de referencia en el continente. Después de unos años necesariamente difíciles, porque en 2021 el club era literalmente un solar, ya que no disponía de un equipo de fútbol en condiciones de competir con la élite europea, hoy el presente es esperanzador e ilusionante.
Todas las teclas parecen sonar correctamente y la orquesta está en condiciones de ofrecernos los éxitos que estamos esperando. El director, Hansi Flick, lleva perfectamente la batuta y los principales solistas —Lamine Yamal, Pedri, Cubarsí, Joan Garcia, Marc Bernal, Raphinha, Fermín, Gavi y tantos otros— están a punto. Hay una armonía perfecta entre el staff técnico —sí, el liderado por Deco a quien patosamente se ha pretendido criticar—, entrenador y jugadores que no debería ponerse en juego. Sería un error imperdonable y ya hemos visto en el pasado reciente cuáles han sido las consecuencias. Joan Laporta ha sentado las bases de este futuro que se inicia el lunes y, por ello, creo sinceramente que se ha ganado poder disponer de un nuevo mandato y completar la obra iniciada.