"La sequía es ahora la nueva normalidad". Este mensaje, que el director de la Agència Catalana de l'Aigua (ACA), Samuel Reyes, no deja de repetir estos días en todas sus comparecencias, recurre a un adverbio de tiempo tan indefinido que no necesita concretarse para una correcta interpretación del mensaje.
Así, ¿a qué período de tiempo alude el máximo responsable político de la gestión del agua en Catalunya? ¿Desde cuándo es ahora? ¿Estamos hablando de este mes, del año pasado o de hace más tiempo? Porque no se trata de un simple matiz, sino de algo muy importante para determinar las responsabilidades políticas de la situación de riesgo a la que se enfrenta la ciudadanía.
Una de las medidas que ha aplicado la ACA para hacer frente a dicha situación, provocada por el alarmante estado que presentan las reservas de agua de las cuencas internas de Catalunya, actualmente al 28%, ha sido la declaración del escenario de excepcionalidad en todas las unidades territoriales que se abastecen de ellas, incluida la gran región metropolitana de Barcelona.
Pero esta acción no tiene nada de innovadora ni de audaz. En realidad se limita a acatar y cumplir lo que establece el Plan Especial de Sequía (PES): un protocolo de actuaciones aprobado hace tres años por el Govern para adaptar la gestión de la demanda a la disponibilidad del recurso en cada momento y que, para muchos expertos, se ha visto muy superado por la realidad climática.
En todo caso, es el propio PES el que señala que el escenario de excepcionalidad se debe activar cuando las reservas se sitúen en el 25% de su capacidad. Es decir, que la ACA tan solo se ha anticipado ligeramente (apenas tres puntos porcentuales) a cumplir con lo que marca la normativa vigente.
Sin embargo, si atendemos a los informes de los comités de expertos y los órganos consultivos de la Generalitat en cuestiones medioambientales, como el Consell Asessor per al Desenvolupament Sostenible (CADS), observamos que al decir que la sequía es la nueva normalidad de ahora se está aludiendo en verdad a un período mucho más antiguo, un escenario del que la ACA estaba alertada hacía décadas.
Desde hace más de veinte años (el primero se llevó a cabo en 2002), los famosos Informes del Cambio Climático en Catalunya, elaborados por el CADS para el Govern de la Generalitat, indicaban que ya estábamos en este ahora.
Al consultar aquellos estudios científicos de alto rigor, elaborados por los mejores investigadores de cada ámbito, leemos que "el descenso de la precipitación será más evidente hacia mediados del siglo XXI. Para este período se encuentran valores representativos al entorno del -10 % en la primavera, verano y otoño, que, combinados con disminuciones menos significativas en invierno, comportarían una disminución general de la precipitación anual para el conjunto de Catalunya de cerca de un –7 % respecto al período de referencia (1971-2000)".
Los expertos ya advertían entonces de que "existe un nivel de confianza muy alto sobre el hecho que la sequía aumentará su frecuencia, intensidad y duración a lo largo del siglo XXI. Los suelos estarán más secos en la primavera y el período seco estival se alargará, cosa que afectará a los ecosistemas y la agricultura. Los recursos hídricos disminuirán y aumentará la variabilidad, de forma que se dispondrá de menos herramientas para plantar cara a las sequías. Habrá menos caudal disponible, el volumen de nieve almacenada en el Pirineu será más pequeño y el deshielo se avanzará".
En resumen, ese ahora al que recurre estos días el director de la ACA para anunciar la sequía como "nueva normalidad" es algo de lo que en realidad nos vienen alertando los expertos hace más de 20 años, sin que se hayan iniciado y aplicado las medidas de adaptación necesarias, muchas de las cuales conllevan un período de ejecución muy superior a la urgencia con la que las necesitamos actualmente.
Los deberes no se han hecho, y declarar como declaró Reyes la semana pasada en TV3 que "esta situación no es responsabilidad de la Agència Catalana de l’Aigua ni del Govern, sino que es de todos", parece tan inoportuno como injusto. No es lo más deseable para los expertos que vienen anunciando que Catalunya se encuentra en una de las regiones del planeta que se va a ver más afectada por la crisis climática. Tampoco para los ciudadanos que estos días esperan una mayor y mejor reacción por parte de las administraciones.
