El Alzheimer es la forma más común de demencia en el mundo. Según recoge la Organización Mundial de la Salud, se calcula que unos 50 millones de personas padecen Alzheimer en el mundo, y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos. La previsión es que para el año 2050 la cifra actual se triplique.

Debido al envejecimiento de la población y al aumento de los casos, en los últimos años la comunidad científica ha llevado a cabo diferentes estudios para entender el desarrollo de esta enfermedad que, a día de hoy, no tiene cura puesto que no se sabe su causa principal.

Recientemente, un equipo de expertos de la Universidad de Duke en Carolina del Norte (EEUU), han liderado una investigación en la que han pretendido poner de manifiesto la relación que existe entre el Alzheimer y el hígado. Los científicos  decidieron comenzar a tener en cuenta la función hepática, en el contexto de la enfermedad de Alzheimer, debido al papel de este órgano en los procesos metabólicos del cuerpo. 

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El estudio aparece en la revista JAMA Network Open, y los autores explican que cada vez se tiene más claro el fuerte vínculo que existe entre el Alzheimer y el mal funcionamiento del metabolismo en el organismo. El metabolismo es un conjunto de procesos que tienen lugar en las células por los cuáles los nutrientes de los alimentos se transforman en la energía necesaria para que el cuerpo cumpla con todas sus funciones vitales.

Tal y como sugiere este trabajo, “la evidencia creciente sugiere que los pacientes con enfermedad de Alzheimer muestran disfunción metabólica”. Y más concretamente, los expertos destacan la importancia del hígado en las características fisiopatológicas de la enfermedad de Alzheimer.

La investigación

Para llevar a cabo la investigación, se analizaron muestras de sangre evaluando los niveles de enzimas que se asociaron con la función hepática en más de 1.500 personas que se realizaron de forma frecuente escáneres cerebrales para evaluar los cambios que indicaban el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

Además, se analizaron otros signos de Alzheimer, como una serie de parámetros cognitivos, biomarcadores del líquido cefalorraquídeo, la atrofia cerebral y los niveles de beta-amiloide, una proteína que forma placas adhesivas y tóxicas en el cerebro en la enfermedad de Alzheimer. De esta manera, se pudieron identificar asociaciones entre los cambios en la función hepática y los marcadores del funcionamiento cognitivo afectado en el cerebro.

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El estudio es sólo el primer paso de una investigación más completa que busca comprender la enfermedad y desarrollar fármacos o métodos terapéuticos viables. Según los expertos, la mayor parte de los estudios llevados a cabo se enfocan principalmente en el cerebro, pero esta investigación abre una vía para comprobar la relación que existe con otros órganos. Al fin y al cabo el cerebro se comunica y conecta con distintos órganos del cuerpo. Por este motivo, piden que el Alzheimer sea considerada como una enfermedad sistémica que afecta a varios órganos, incluido el hígado.

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