“Hemos visto las celdas, pero nos queda pendiente un recorrido por los espacios donde nos torturaron”. Con esta reivindicación, Carles Vallejo, sindicalista y presidente de la Associació Catalana de Persones Ex-preses Polítiques del Franquisme, ha explicado este martes su experiencia de haber vuelto cincuenta años después al interior de la Jefatura de la policía española de Vía Laietana de Barcelona. Sufrió 21 días de torturas en esta comisaría en 1970. Delante del edificio policial, Vallejo y los hermanos Maribel y Pepus Ferrándiz —torturados 32 días cuando solo tenían 17 años en 1971— han explicado sus sentimientos y reclamos en nombre de todas las personas vejadas y en favor de la democracia y la libertad.
La fiscal de Memòria Democràtica i Drets Humans de Barcelona,Sara Gómez Expósito, les permitió este acceso en diciembre pasado, mucho tiempo reclamado, a partir de la investigación por la denuncia de otro militante antifranquista torturado en 1969, Manel Pujades. La fiscal también los “escuchó” para recoger el testimonio de las torturas y vejaciones que vivieron los cuatro. La brigada Politicosocial torturaba a los disidentes en despachos y espacios del edificio policial, según el relato de estos testigos vivos y otros recogidos en libros y documentales.
Torturas certificadas
Actualmente, las querellas de Vallejo y los gemelos Ferrándiz contra los agentes de la Brigada Politicosocial por haberlos torturado fueron archivadas por la justicia española porque la ley de amnistía de 1977, que continúa en vigor, no permite investigarlo. Con la entidad Irídia han denunciado sus casos a la justicia europea y a Naciones Unidas, al asegurar que son delitos que no prescriben, al ser de lesa humanidad.
Las investigaciones que habilita la nueva ley de memoria española permitieron que la fiscal de Barcelona concluyera la primera constatación de torturas de la policía franquista en Vía Laietana, con el caso de Blanca Serra, que pocos días después de este reconocimiento murió, el pasado abril.
Calabozos modificados
“Me quedé desconcertada. Esto no era así, como ha pasado con la Modelo y la prisión de la Trinitat”, ha criticado Maribel Ferrándiz al darse cuenta de que las celdas de Via Laietana han sido modificadas, y que ahora se usan como almacén. Maribel y su hermano Pepus militaban en la Jove Guàrdia Roja (el referente juvenil del Partit del Treball d’Espanya) y fueron detenidos y torturados en la Prefectura durante 32 días porque el dictador Franco había declarado el estado de excepción.
Pepus Ferrándiz también ha confesado que no estaba muy seguro de volver a entrar en este zulo donde fue torturado, pero que finalmente lo hizo “en nombre de todos los represaliados”. El activista ha recordado que “contaba las baldosas blancas de la celda para aguantar el tiempo, pensando en mi hermana y mis padres” hasta volver a ser llamado para ser torturado. “Lo que era importante era aguantar para dar tiempo a los compañeros a esconder los panfletos”, ha recordado, además de verbalizar la “angustia” de que sus padres no sabían nada de sus dos hijos. También ha explicado que una vez les llevaron a "una biblioteca de la comisaria llena de revistas del FBI".
Un centro de memoria
En el acto de este martes, Pilar Rebaque, abogada y también vejada en la comisaría, ha reivindicado que la Jefatura de Via Laietana se convierta en un centro de memoria de la represión franquista, en nombre de todas las entidades que lo reclaman desde hace años y con concentraciones cada primer y tercer martes de cada mes ante el edificio policial. “La policía debe irse de la comisaría y no nos conformaremos con una placa. Debe ser un centro de memoria con los archivos policiales, donde todo el mundo lo pueda visitar”, ha reclamado Rebaque. También estaban otros representantes de entidades y la coordinadora de litigios de Irídia, Sònia Olivella.
Los cuatro testimonios han asegurado que reconvertir Via Laietana en un espacio de memoria es una “reparación” para los torturados, y también para que “las nuevas generaciones tomen conciencia de lo que es vivir con dictadura y sin libertades”.