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En el Parlament se ha celebrado, como se hace habitualmente los 27 de enero, el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, con la presencia de las principales autoridades catalanas. El acto ha tenido lugar ante un público poco habitual en el Parlament; judíos, gitanos, bisexuales y deficientes llenaban la sala, en compañía de descendientes de represaliados políticos.

La estrella amarilla y el triángulo azul

En el acto, además de rendir memoria a los judíos muertos (identificados en los campos nazis con un triángulo amarillo en la ropa), ha habido constantes recuerdos para los republicanos desaparecidos (identificados con un triángulo azul). Carme Forcadell y otros ponentes han hecho referencia a los muertos catalanes en los campos, al libro K.L. Reich del superviviente Joaquim Amat-Piniella, a la luchadora Neus Català e incluso a la escritora Montserrat Roig, que recuperó la memoria de estas víctimas, ocultada por el franquismo.

6 velas

En el Parlament se han encendido 6 velas: una en memoria de los judíos, otra por los republicanos catalanes y españoles, una tercera por los niños muertos, una cuarta por los otros colectivos de víctimas, la quinta por los supervivientes y la sexta por los justos, que arriesgaron su vida para salvar a otras personas.

Unidos, pero distantes

Los discursos de los representantes políticos han dejado patentes sus diferencias con respecto al recuerdo del holocausto. Si bien han coincidido en que es imprescindible evitar que se repita otro genocidio, y que siempre existe el peligro de un retorno a la barbarie, han valorado de forma muy diferente el presente. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha relacionado el racismo y la crisis migratoria actual con el genocidio y ha cerrado su discurso con una crítica abierta a las políticas migratorias de la Unión Europea:
Nunca más una Europa con centros de internamiento. Nunca más una Europa de FRONTEX. Nunca más
En cambio, el presidente Carles Puigdemont ha reconocido "graves imperfecciones" e incluso "graves errores" en las políticas actuales de Europa, pero ha afirmado que los "elementos de esperanza" son más que los "elementos de autocrítica". Por eso ha sentenciado que "la Europa de hoy es la derrota de los que inspiraron el holocausto" y ha mostrado su satisfacción porque "el sacrificio de tantas generaciones no fue en vano".

La voz de los colectivos

También han tomado la palabra los diferentes colectivos perseguidos por los nazis (judíos, gitanos, discapacidades, testigos de Jehová, colectivos LGTB, republicanos españoles...). Muchos de ellos también se han hecho eco de los paralelismos entre la situación actual y el genocidio. El más radical, quizás, ha sido Enric Garriga, presidente de la Amical Mathausen, quien ha afirmado sentir rabia y decepción por las subvenciones a la fundación Francisco Franco, o por el mantenimiento de monumentos franquistas, y sentir vergüenza por la proliferación de vallas de alambre separando territorios y ciudadanos y por el comportamiento de la "vieja Europa" frente a la crisis de los refugiados. Ha recibido fuertes aplausos del público.

¿Nunca más?

Un acto emotivo, pero sin duda, insuficiente. El escritor Elie Wiesel, superviviente del campo nazi de Auschwitz, se hacía una pregunta terrible: "¿Cómo se lloran seis millones de muertos? ¿Cuántas velas se encienden?". Ante la magnitud del desastre, sólo tenía una respuesta: "El deber del superviviente es dar testimonio de aquello que sucedió [...] hay que advertir a la gente que estas cosas pueden pasar, que el mal puede desencadenarse. El odio racial, la violencia y las idolatrías todavía proliferan".

 

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