La campaña para las elecciones vascas y gallegas ha actuado como el espejismo de un oasis en el bloqueo de la investidura española. Con los esfuerzos puestos en el norte, los partidos han sublimado –en la inusual calma de Madrid– el estado de naturaleza que los nueve meses de negociaciones les había obligado a contener. El Partido Popular no ha podido esquivar los recelos por la corrupción, ni el PSOE, la lucha interna por el liderazgo, mientras la nueva política ha comenzado a imprimir carácter propio. Pero cuando el pulso por el poder vuelva a la capital, el Estado retomará la pesadilla del colapso económico y político, con un horizonte remoto de terceras elecciones, por la falta de apoyos a Mariano Rajoy y la difícil alternativa de gobierno de Pedro Sánchez.
Rajoy y Sánchez, duelo permanente
El PP ha constatado que la corrupción y la regeneración no le pasan factura en las urnas, pero rompen su eterna unidad y cuestionan el liderazgo de Rajoy. Existe una brecha generacional entre los jóvenes leones del partido que no aguantan titulares con los nombres de Matas, Bárcenas, o Barberá, y aquellos acostumbrados a dar la cara, como María Dolores de Cospedal. Los nuevos son los vicesecretarios Andrea Levy, Pablo Casado, Fernando Martínez-Maíllo, o Javier Maroto, que hace meses exhiben las formas del PP que vendrá: más transparencia y asunción de responsabilidades.
Así se ilustró con el asunto del escaño de la exalcaldesa de Valencia Rita Barberá, donde mientras que los jóvenes consideraban que "no era ejemplar" quedarse en el Senado, el gobierno de Rajoy aseguraba que ya no tenían ninguna potestad sobre ella. La renovación en el liderazgo no es una cesión que el PP esté dispuesto a hacer con su cabeza de lista, pero podría ser una demanda del PSOE en un futuro no muy lejano, a cambio de torcer el brazo y abstenerse.
Precisamente, Rajoy se encuentra asumiendo las dificultades que para la investidura comporta la cuestión de la regeneración. Pedro Sánchez no piensa doblegarse ante una formación con este historial. Eso le permite arrinconar el discurso de Podemos, que aseguraba que los morados eran "la alternativa al PP". Le costará mantenerse como el antagonista si cede, pero la única esperanza de la Moncloa es que el PSOE se rompa, si los barones críticos usan el pinchazo electoral en Galicia y en el País Vasco para forzar la abstención del secretario general.
Sánchez no quiere oír hablar de tal escenario, pero cualquier alternativa parece abocada al fracaso. Ante la evidencia, los gestos para arrinconarlo han reaparecido en la lucha por el liderazgo en Ferraz. Existe una corriente crítica que se manifestó defendiendo al presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, por la presión que recibió tras afirmar que con 170 escaños habría que dejar pasar PP y C 's. Si Sánchez se sobrepone a los críticos –entre ellos, Susana Díaz– puede haber terceras elecciones por el 'no' hasta el final.
La única manera de evitar unos nuevos comicios en estos momentos parece que el dirigente socialista sea derrotado, y impere la tesis de exigir otro candidato al PP para facilitar la abstención, o que una gestora actúe ante Rajoy.
Los nuevos se reubican
Ciudadanos no está cómodo con Rajoy, pero dice no querer involucrarse de nuevo en un "gobierno del cambio" con el PSOE y procura no despegarse del PP. El hecho le ha generado ambivalencia, entre el beneficio de la visibilidad por ser el socio de acuerdo de los populares, y el perjuicio de marcar distancias con su pacto anticorrupción. Miembros de C's se colgaron la medalla de que Barberá deje el partido, mientras a otros les parecía insuficiente. Asimismo, la formación naranja pide una noche con la boca pequeña "responsabilidades" por el caso Soria, mientras que al día siguiente se atreve a exigir dimisiones en voz alta.
Como resultado de que una corriente socialista descarte pactar con Podemos y los independentistas, la formación de Pablo Iglesias está desdibujada. El partido morado afronta una crisis de reubicación política, al tiempo que vive una lucha interna por el control de la formación en Madrid. Sin embargo, fuentes socialistas aseguran que la situación actual ha permitido reconstruir puentes con ellos. Los dos partidos a la izquierda están destinados a gobernar juntos en algún momento futuro y restablecer la confianza es el primer paso. Si continúan sin sumar mayoría, lo siguiente sería un entendimiento improbable con ERC y PDC.
Pasado el oasis de las elecciones vascas y gallegas, se volverá a la normalidad que es el desgobierno, con las implicaciones que estas generen. En Madrid hace meses el rumor es que el desbloqueo sólo se saldría con una renovación en el liderazgo de PP y PSOE. El abismo entre ambos es tal, que una anécdota cuenta que el gallego suele mostrar preocupación porque no se hablan, y preguntado por si han intentado llamarse, el presidente en funciones responde: "No, es que no nos hablamos". España en manos de Sánchez y Rajoy.