El 'no' rotundo de Pedro Sánchez en la investidura de Mariano Rajoy ha permitido al PSOE retener el liderazgo de la izquierda que amenazaba con perder. El pacto entre el Partido Popular y Ciudadanos había colocado a los socialistas entre las cuerdas para facilitar la gobernabilidad en España. Unidos Podemos esperaba un paso en falso para erigirse –esta vez sí– como líder moral de la izquierda, tras pinchar el 26 de junio. Pero resistir en el "no" ha permitido a Sánchez arrinconar a los podemitas, legitimarse para liderar un frente contra Rajoy llamando a las "fuerzas del cambio" y dar a su formación incentivos para no evitar terceras elecciones.
La presencia de Podemos en el mostrador político ha planeado como una amenaza para el PSOE sobre el histórico sorpasso por mucho tiempo. Sin embargo, la voluntad de Pablo Iglesias de presentarse como la alternativa real al PP pinchó la noche del 26-J. Quedando terceros, la alianza Unidos Podemos sólo ha contado con una opción para remontar en la hegemonía que había disputado a Ferraz. Preguntado por El Nacional, Iglesias afirmó que ellos serían los jefes de la oposición de facto, si Pedro Sánchez avenía a la abstención sin entrar en el gobierno de Mariano Rajoy.
Los socialistas no han cedido y eso les ha permitido reafirmar su liderazgo y legitimarse. Sánchez ha esquivado las voces que insinuaban la abstención, como la de Felipe González, o Jose Luis Rodríguez Zapatero, o el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara. La dirección se ha centrado en distinguirse de "las fuerzas conservadoras" con quien emplaza a Rajoy a pactar. El PSOE también ha presentado proposiciones en el Congreso para controlar al gobierno del PP y han señalado a Podemos por mantenerse sin iniciativa durante este tiempo.
El tiempo de pacto entre PP y C's permitió posponer la decisión a tomar y buscar formas para esquivar la presión. Sánchez había supeditado las acciones –y/o la abstención– al comité federal del PSOE que quería convocar tras las elecciones vascas y gallegas, el 25 de septiembre. Además, en las últimas horas Sánchez ha apelado a las fuerzas "del cambio" para encontrar una salida a la ingobernabilidad y desbancar a Rajoy. Eso no implica necesariamente un intento de gobierno, pero le permite ganar tiempo para intentar no ser el culpable de nuevos comicios. El hecho es que varios diputados socialistas aseguraban "no verlo" con Podemos e independentistas, o con C's.
De fracasar en su intento, si es que hay uno, el PSOE podría crecer en escaños –por este motivo, el PP le acusa de querer terceras elecciones. Aferrarse al 'no' rotundo a Rajoy y erigirse como la alternativa al PP, le ha permitido doblegar el discurso de Podemos: ahora es Sánchez quien ha recuperado el liderazgo de la izquierda. Eso ocurre en paralelo mientras algunas encuestas auguran una bajada para Podemos, dando incentivos al PSOE para no lamentar nuevas elecciones.
La formación morada muestra los síntomas de un cierto declive interno. Los podemitas reconocieron que tenían que aprender a ser un "partido normal" –no sabían si lo conseguirían– y que tenían que buscar una estrategia para consolidarse en la oposición. En caso de elecciones, el discurso de la ilusión podría no generar el mismo efecto que el 20-D o el 26-J. Además, Iglesias ha tenido problemas para reeditar las alianzas gallegas y En Comú Podem mantiene un frente abierto con ERC en Catalunya por el espacio del soberanismo de izquierdas. Algunos portavoces de la formación han manifestado ya el temor de que el PSOE "prefiera" nuevos comicios a un pacto alternativo.
Así las cosas, Sánchez tendrá un test de estrés en sus acciones en Galicia y el País Vasco. Estas le permitirán ratificar si aferrarse a la negativa tiene premio, o no, entre el electorado, y orientar sus acciones futuras en un momento en que el fantasma de las terceras elecciones vuelve a planear por Madrid. Sin embargo, algunos periodistas que siguen al PSOE acostumbran a afirmar: "Pedro tiene siete vidas".