El Trío de la Bencina ha despedido a Vox de la casa grande de la derecha. Expulsados del paraíso como Adán y Eva. Los tres diarios dicen, sin decirlo, que si votas a Vox, votas al PSOE y a sus cómplices comunistas, separatistas y terroristas. La Razón abre con los planes del Partido Popular para sitiar las veinte circunscripciones donde tiene posibilidades de recuperar los escaños perdidos a manos de la extrema derecha. En un subtítulo avisa de que el objetivo de Feijóo es gobernar en solitario. La redacción del subtítulo es interpretable —"sumar" puede incluir también a Vox— pero está claro que la estrategia de los populares ya no pasa por la coalición. La segunda noticia es el rechazo de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de Madrid y colíder del PP, al partido ultra porque no le vota otra rebaja fiscal. El Mundo, en un rincón, añade que los dos cabecillas del PP han partido peras con los de Santiago Abascal —a este diario le costará más aceptar y explicar el rechazo a Vox porque hace años que normaliza a los ultras. ABC no lo dice en primera página, pero en la segunda portada de la página 2 informa de que, según una encuesta, incluso los votantes de Vox consideran que la moción de censura promovida por su partido beneficia al PSOE.

La comparativa entretenida del día es El País versus El Mundo. Los dos diarios antagonistas luchan en portada por arrimar el ascua a su sardina a propósito de los planes del llamado sector progresista del Consejo General del Poder Judicial (es decir, los magistrados promovidos por el PSOE) de dimitir en bloque y forzar la renovación del órgano de gobierno de la judicatura española. Va cinco años retrasada —la renovación, no la judicatura— por la incapacidad de PSOE y PP de ponerse de acuerdo y pactar una nueva composición de la cosa. El País lo explica así, señalando al PP como principal culpable del retraso. Para remachar el clavo, entrevistan a alguien favorable a la conjura: Pascual Sala, promovido por el PSOE en el CGPJ, del que fue presidente entre 1990 y 1996, año que Aznar llega a la presidencia del gobierno y orquesta su relevo por Javier Delgado, un magistrado más afín a la nueva mayoría.

El Mundo hace otro relato, que obvia los cinco años de bloqueo: se trata de una conspiración de los jueces partidarios del actual gobierno español. Debajo lleva una especie de reportaje en que explica cómo funciona "el rodillo progresista" en el Tribunal Constitucional, que este jueves declaró constitucional la "ley Celáa" —otra ley educativa— aunque el magistrado ponente, Ricardo Enríquez (promovido por el PP), había escrito dos borradores de sentencia en contra. Entre los borradores y la sentencia se produjo la renovación del TC. La nueva "mayoría progresista" invitó a Enríquez a redactar una sentencia de su color —de la mayoría, no del magistrado. El Mundo no se queja de que Enríquez se haya tragado sus razonamientos jurídicos para adaptar la sentencia a la línea ideológica mayoritaria. Se queja de que esa línea no es la suya. Nada nuevo bajo el sol.

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