Si hasta ahora el gran símbolo del independentismo era la estelada|, durante esta campaña electoral lo ha sido el color amarillo, que le ha robado el protagonismo a la bandera reivindicativa. A pesar de aparecer en algunos actos, el símbolo que ha reinado durante estos quince días de mítines y actos ha sido el color amarillo. Lo ha hecho ya sea a través de lazos en la solapa, como en bufandas, jerséis o chaquetas. El amarillo ya no es sólo un color para los independentistas, es el símbolo de la libertad y de la denuncia contra los encarcelamientos.
Tampoco los gritos de 'independencia' son demasiado recurrentes en estas elecciones, que han sido eclipsados por los de 'libertad' o 'libertad presos políticos'. No han sido del todo invisible, es cierto, pero si que se han sentido muy escasamente, especialmente si lo comparamos con las otras elecciones. Incluso este sábado en un mitin de Junts per Catalunya, el candidato por Tarragona, Eusebi Campdepedrós, tuvo que pedir al público iniciarlo antes de recibir el presidente y cabeza de lista, Carles Puigdemont, a través de una videoconferencia.
La fuerte represión del Estado ha convertido, pues, el color amarillo y el lema 'libertad presos políticos' en los nuevos símbolo del proceso soberanista. Además, le ha hecho incrementar el hecho de que la Junta Electoral haya tomado partido y haya decidido prohibir primero los lazos amarillos, al inicio a los integrantes de las mesas electorales, y después en los departamentos de la Generalitat, así como también la iluminación amarilla de las fuentes de Barcelona; por no hablar de la prohibición a los abuelos de Reus de manifestarse o de las pancartas de 'libertad presos políticos' que había en los ayuntamientos que se han hecho retirar.
Del 27-S al 1-O
La imagen de esta campaña es muy diferente a la que se vivió durante la previa al 27-S, en las llamadas 'plebiscitarias', y en las que ERC y la entonces CDC se presentaron juntos bajo la marca Junts pel Sí. En aquella campaña sí que predominaron las esteladas y los gritos de 'in-inde-independencia'. El acto final se hizo en la avenida Maria Cristina de Barcelona donde reunieron unas 70.000 personas. Toda una demostración de fuerza que tuvo un símbolo claro: la estelada y el grito de independencia.
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Desde entonces, sin embargo, ha llovido mucho. El movimiento independentista ha recibido una fuerte represión, tanto judicial a través de querellas y encarcelamientos, como policial durante el referéndum del 1 de octubre. A lo que hay que sumar la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la intervención de las finanzas. Por eso, el grito de independencia ha perdido fuerza, y lo ha ganado el de libertad.
Estas son unas elecciones atípicas, convocadas por el gobierno español después del cese de todo el Govern, y donde las dos grandes candidaturas independentistas han optado más bien por persistir y poner el foco en la libertad de los presos políticos y el restablecimiento de las instituciones. La CUP, en cambio, es el único partido independentista que sigue apostando por la vía unilateral para hacer efectiva a la república proclamada el pasado 27 de octubre.
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Los presos marcan la campaña
La campaña ha viendo marcada por la presencia de los presos políticos, liberados justo el día de inicio de la campaña, y también por la ausència de los que no pudieron salir y siguen presos por decisión judicial. Especialmente, la del líder de los republicanos, Oriol Junqueras, y la del número dos Junts per Catalunya, Jordi Sànchez. A pesar de que también la del conseller y candidato de JuntsXCat Joaquim Forn y la del líder de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart.
Así pues, si la primera semana de campaña vino marcada por la salida de prisión de seis de los consellers, y su recibimiento en Catalunya en mítines y actos; la segunda ha venido marcada por la reaparición de Sànchez y Junqueras a través de audios registrados desde la prisión, que ya han sido expedientados por estos hechos.
Mítines llenos
A pesar de la ausencia de Oriol Junqueras, en prisión preventiva desde el pasado 2 de noviembre, y en menor mide la de Carles Puigdemont, que a pesar de no estar presente físicamente por su exilio en Bélgica ha podido estarlo por vídeo-conferencia; los mítines de las candidaturas independentistas han esido bastante multitudinarios, más que en campañas anteriores. Así, han llenado teatros, plazas y pabellones, en muchas ocasiones con un millar de personas.
Además, en los actos centrales de campaña, reunieron a unas 3.000 personas en el caso de la lista de Puigdemont y a unas 2.000 los republicanos, los dos celebrados en Barcelona. La CUP también sumó 2.000 personas en su acto central. Así, aunque también ha habido actos de más pequeño formado, con unas 300 personas, han predominado en los dos casos los de un millar, desde Sant Carles de la Ràpita hasta Girona.
Además, a pesar de no ser estrictamente un acto de campaña, la manifestación independentista en Bruselas también fue una clara demostración de fuerza del movimiento, reuniendo a 45.000 personas además de 1.300 kilómetros del territorio catalán.
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En los actos finales, que tendrán lugar este martes, también se espera una fuerte asistencia. Esquerra cerrará la campaña en Estremera, centro penitenciario donde está Oriol Junqueras, y a Sant Vicenç dels Horts, la población del candidato y de donde fue alcalde. Por otra parte, Junts per Catalunya ha apostado por dar un 'megamitin', que podrá ser seguido desde 100 puntos del territorio y desde todo el mundo a través de la página web que emitirá el streaming. Finalmente, la CUP lo hará en el polideportivo Virrei Amat de Barcelona.
¿Y el resto de partidos?
Con respecto a los otros partidos, Ciudadanos y PSC también ha exhibido músculo en los actos centrales de campaña. Especialmente el PSC, que, según la organización, consiguió reunir hasta 5.000 personas y organizó hasta 70 autocares. El partido naranja asegura que también movió a una cantidad parecida de asistentes, aunque lo hizo en parte con un desembarque masivo de Cs de todo el Estado.
Los Comuns, en cambio, han hecho actos menos masivos, reuniendo incluso menos asistentes que en los actos electorales de lo que era su marca electoral, Catalunya Sí que Es Pot, durante la campaña del 27-S, liderada por Lluís Rabell. Muchos han rondado las 200 personas, a excepción del mitin central que contó con la presencia de Pablo Iglesias y Ada Colau, que reunió 2.000.
Finalmente, el PP ha optado por basar la campaña en paseos por los mercados de las zonas donde tiene feudos electorales, como Badalona, o por hacer actos en formato de comidas-mítines, sólo para militantes y cuadros locales.
