Cuando a penas quedan diez días para que se agote el plazo para la constitución del nuevo Parlament, crecen las presiones en torno a las negociaciones entre los partidos independentistas. Presiones externas, pero también presiones internas. ERC ha reprochado hoy públicamente a Junts que con la CUP la negociación avanza con más facilidad. Por su parte, el partido de Carles Puigdemont opta por blindar las conversaciones e insiste en situar como prioridad los objetivos de la legislatura y la necesidad de coordinar las estrategias antes que hablar del Govern, de nombres y de cargos.

Las presiones externas son cada vez menos sutiles. Este mismo martes el gobierno de Pedro Sánchez expresado el malestar que le provoca las conversaciones de los republicanos con la CUP. Ayer fue la Fiscalía quien hizo llegar un "aviso a navegantes", en palabras de la consellera Meritxell Budó, comunicando en plena negociación para el nuevo gobierno la querella criminal contra los miembros de la Mesa que permitieron el debate de una resolución sobre autodeterminación. Esto ocurría el mismo día que la Fiscalía reiteraba los movimientos para acabar con el tercer grado de los presos políticos y la abogacía del Estado protagonizaba una intervención que ralentiza el procedimiento de los indultos.

Dificultades internas

Pero los acuerdos entre las fuerzas independentistas chocan también con las dificultades habituales de cualquier negociación entre las fuerzas independentistas. Todo un clásico.

Diecisiete días después de las elecciones, las conversaciones entre ERC y Junts no avanzan, según los republicanos, que han reprochado públicamente, a través del presidente del grupo parlamentario y miembro del equipo negociador, Sergi Sabrià, que con la CUP resultan más fáciles, mientras que con JxCat está costando más y se encuentran atascadas en la hoja de ruta.

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El republicano Sergi Sabrià asegura que con la CUP las negociaciones avanzan mejor que con Junts / Maria Contreras

Primero, los objetivos

Por su parte, la formación de Puigdemont evita hacer ninguna valoración, más allá de las mínimas referències que merecieron los primeros contactos; insisten en que primero habrá que hablar de los objetivos de legislatura por lo que respecta a la autodeterminación y la amnistía, y de la necesidad de coordinar las estrategias también en el Congreso. Junts asegura que no aceptará hablar de reparto de poder ni cargos hasta que no se haya cerrado esta hoja de ruta.

Desde el primer día, este partido ha asegurado que no entrará en una guerra de nervios. No quisieron responder cuando la primera semana Esquerra puso el acento en un gobierno con los comunes, ni tampoco entraron a valorar que los republicanos hayan apuntado una presidencia del Parlament para la CUP. Igualmente no les ha pasado por alto que ERC no haya reconocido en ningún momento públicamente que es a Junts a quien correspondería presidir la Cámara como segunda fuerza independentista con un único escaño de diferencia con respecto a los republicanos. No entran a hacer valoraciones, pero advierten que son conscientes de la estrategia de Esquerra.

Cuestión de voluntad

"Lo que hace falta es voluntad, si hay voluntad, los acuerdos se materializarán", aseguraba esta mañana Jordi Sànchez a TV3, como secretario general del partido y responsable de liderar las conversaciones con los republicanos. Según explicó el lunes la portavoz, Elsa Artadi, en rueda de prensa, desde que se pusieron en marcha, los contactos han sido casi diarios. Hoy no ha sido una excepción.

Desde la noche electoral Junts pone el acento en el hecho de que el independentismo ha superado el 52% de los votos y que esto brinda una oportunidad histórica esta legislatura. Este discurso se ha convertido casi como un karma, igual la necesidad de dar "estabilidad sin ruido" al nuevo Gobierno, un silencio con el cual han decidido proteger toda su negociación.

 

En la imagen principal, Jordi Sànchez, Laura Borràs y Elsa Artadi, ante una pantalla con Carles Puigdemont, la noche electoral / Jordi Play

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