Hemos entrado en un segundo trimestre cuyo impacto puede tener una trascendencia decisiva a medio y largo plazo. En una fase de preocupante debilitamiento económico, va a haber elecciones en España, se va a decidir el futuro de una Europa en que se enfrentan progresistas y populistas, así como el camino que tome un Reino Unido dividido, mientras la guerra comercial entre EE. UU. y China puede deparar sorpresas de última hora. Y, a lo lejos, la dramática situación de Venezuela amenaza con una crisis entre las grandes potencias. Los mercados desde primeros de marzo han mostrado un optimismo a prueba de bomba. ¿Aguantarán?

El FMI ha indicado que volverá a recortar en las próximas semanas el crecimiento para 2019-2020 advirtiendo que, en cualquier caso, la recuperación esperada será anémica.

Las elecciones aquí siguen sin decantarse con claridad suficiente, pero el Ibex ha llegado a máximos y superado los 9.500 puntos. Y eso dentro de un entorno europeo que no ofrece seguridad.

En Alemania, el Ministerio de Economía ha advertido que "la época de vacas gordas ha terminado" y se muestra reacia a seguir las sugerencias francesas de una Europa más federalista y unida. 

En París, no solamente son los Chalecos Amarillos los que se oponen a Macron, sino son las mismas cifras que ponen en cuestión la llamada al "renacimiento" de la Unión Europea. Su ministro de Economía, Bruno La Maire, ha recortado las previsiones de crecimiento del PIB para este año hasta un 1,4% desde el 1,7% previo, con una deuda pública cercana al 100%. La falta de reformas que propiciarían la actividad económica y el poder de compra devalúa las propuestas del ambicioso presidente, que ahora defiende las fronteras y la preferencia europea en materia comercial, cuestiones hasta ahora defendidas por los populistas.

En Italia, la firma de un memorándum con China ha mostrado que Roma quiere seguir un camino alternativo a la Unión Europea, al que se suman Orban y los países del Este. 

¿Qué va a ser de la UE mientras los imperios como China y Rusia empiezan a ocupar más y más terreno en esta nueva fase de la globalización? El mes que viene tendremos la respuesta sin entrar en las consecuencias que podría tener una recesión en Europa.

En el choque de trenes entre Washington y Pekín llegan comentarios de que un acuerdo que no parece ahora muy lejano daría al Gobierno de Xi Jinping hasta 2025 para cumplir las promesas de compra de productos americanos para equilibrar su balanza exterior y, sobre todo, el permitir que empresas americanas puedan llegar tener el 100% de la propiedad de empresas en China.

En el otro lado del espejo, la última alza bursátil que estamos viviendo se atribuye a estos avances y a las políticas monetarias más laxas prometidas por el BCE y la Reserva Federal. Pero hay advertencias de que los beneficios esperados (el 6%) en la próxima campaña de resultados se quedarán reducidos al 1%, con lo que puede producirse un ajuste. ¿Si los mercados caen se mantendrá el mismo estado de ánimo en otros terrenos? 

Y, por último, el choque en Venezuela entre EE. UU. y el trío Rusia, China y Cuba por el futuro del país y la seguridad y libertad de Guaidó puede deparar momentos muy difíciles. 

Habrá que seguir la evolución de este trimestre sin par día a día en múltiples frentes. No de lejos, sino muy de cerca.

José Manuel Garayoa
Opinión Xi Jinping entra en Roma José Manuel Garayoa