Esta mañana he desayunado con la sorpresa de un artículo escrito por Eduard Romeu en el que asegura que yo propuse una derrama a los socios del Barça de 300 M€ al inicio del mandato de Laporta.

Mi reacción ha sido entre la estupefacción y la indignación. ¿Cómo puede alguien soltar una mentira tan gorda? De repente me ha venido a la cabeza el recuerdo de algo que leí en un estupendo libro de José Elías, en el que el empresario explica su extraordinaria experiencia vital y profesional. En la página 158 de dicho libro, Elías dice textualmente: “Eduard es una persona peculiar (…) Creo que tiene una capacidad extraordinaria para percibir una doble visión del mundo. Se sumerge en sus propias historias, a veces incluso desvirtuando la propia realidad y creando una versión paralela de la misma”. No se puede describir de forma más elegante y, al tiempo, más explícita a alguien que se inventa las cosas.

También me pregunto qué mueve a Romeu a irrumpir con mentiras y con esta agresividad. Como ya expliqué en un artículo anterior, mientras convivimos en la Comisión Económica (Eduard como representante de la junta y yo como presidente), estuvimos alineados en la mayoría de las ocasiones. La comisión emitió informes —nunca relacionados con lo que sugiere Romeu— que apoyaron decisiones importantes en aquellos momentos iniciales tan complejos. Unos informes que, releídos hoy, suscribo totalmente. De hecho, en esos informes, la Comisión sugirió al club unas condiciones que en algunos casos se han cumplido y en otros no.

Soy un socio con más de sesenta años de antigüedad, y tengo todo el derecho del mundo a querer cambiar la manera como se está gestionando el club

Pero ha sido posteriormente cuando han surgido cosas que para mí son inexplicables (y sobre las que la Comisión tiene poco que decir), como son la elección de Limak, la comisión de Darren Dein por el contrato de Nike, el caso New Era Visionary Group, los casos Congo RD y ZKP, el pago de ISL a directivos del club, la reexpresión de cuentas de la temporada 23/24, el rol de Alejandro Echevarria, los nuevos socios de los negocios digital y audiovisual o las pérdidas en la transacción de Vitor Roque. Soy un socio con más de sesenta años de antigüedad, y tengo todo el derecho del mundo a querer cambiar la manera como se está gestionando el club.

También aprovecho este artículo para decirle a Eduard que, mientras él, al parecer, necesita llenar su tiempo con distracciones, algunos tenemos mucho trabajo para presentar a los socios del Barça una propuesta que devuelva al club a la estabilidad económica, social y deportiva que merece.