Ni eran fruto de una herencia, ni valían solo 30.000 euros. Las joyas que encontraron en la caja fuerte de José Luis Rodríguez Zapatero han supuesto un golpe mucho más duro de lo que uno podía imaginar al PSOE, a Pedro Sánchez, al Gobierno de coalición y, por extensión, a buena parte del progresismo estatal que tenía al expresidente como un referente político, ideológico y también moral.
Es, precisamente, esta última dimensión, la de referente moral, la que puede hacer más daño, ya que también es la de un valor más intangible. Al fin y al cabo, el legado político es medible y las reformas llevadas a cabo durante su mandato (como el matrimonio homosexual, el divorcio exprés o el carné por puntos) son avances sociales que nadie discute y que difícilmente se revertirán. Pero más allá de eso, José Luis Rodríguez Zapatero consiguió consolidar una imagen de limpieza y honestidad que ahora ha quedado resquebrajada. Y esta grieta difícilmente se curará porque, más allá de los seis delitos por los que está imputado, las joyas —y particularmente estas tan caras— son un símbolo en sí mismo.
Para empezar, Zapatero ha mentido tanto sobre el origen como sobre el valor que tenían. Su portavoz, Luis Arroyo, tuvo que salir el viernes a pedir disculpas por haber dicho que las joyas tenían una estimación de entre 30.000 y 50.000 euros. Finalmente, las tasaciones del Instituto Gemológico Español y la prestigiosa joyería Ansorena han determinado que el conjunto de joyas encontradas asciende a 1,3 millones de euros. Hay un collar que, por sí solo, vale 278.000 euros. Es una pieza repleta de diamantes y que contiene dos esmeraldas provenientes de Zambia.
El origen africano, el alto valor y la ostentación del lujo son un torpedo al alma social del PSOE
Y es eso, el valor tan alto, la procedencia africana y la manera como han llegado estas joyas, lo que resulta demoledor para la imagen de Zapatero como referente moral de las izquierdas. En primer lugar, el expresidente deberá aclarar cómo estas piedras preciosas han viajado de la zona de Kagem (Zambia) a su despacho de la calle Ferraz de Madrid. Es por este motivo que uno de los nuevos delitos que se le imputan es el de contrabando. Debe ser muy duro pasar de faro de las izquierdas a contrabandista.
En segundo lugar, arrancar minerales del corazón de la África negra para que se puedan lucir en pectorales blancos, ricos y europeos es un torpedo a las coordenadas ideológicas del progresismo que se basaban en una relación de cooperación y solidaridad con África, no de extracción. Y finalmente, pero quizás lo más importante: la ostentación, casi pornográfica, de nuevo rico en busca del lujo que evocan estas joyas tiene poco de progresista. Esto de ir enjoyado por los sitios se vinculaba tradicionalmente a un tipo muy concreto de burguesía, más bien ubicada en las zonas altas de las ciudades y no en barrios que son feudos socialistas. Tener en propiedad un conjunto de joyas que supera el millón —además de un delito fiscal por patrimonio no declarado— es un puñetazo en el alma de vocación social del PSOE. Durante los años del procés, esta misma progresía intentaba desprestigiar las iniciativas soberanistas con la pregunta constante de cuánto dinero costaban, e hizo especial fortuna una comparación que ahora se puede utilizar perfectamente: ¿cuántas becas comedor son 1,3 millones de euros?
