La sequía golpea Europa como nunca y ha obligado a imponer restricciones históricas, con millones y millones de personas afectadas. Lo veíamos hace dos semanas con la situación de grandes ríos como el Rin y el Danubio, y nada ha mejorado. Todo ello tiene graves consecuencias para la agricultura, la producción energética, el comercio e, incluso, el abastecimiento de agua, en medio de un verano con temperaturas récord, olas de calor sucesivas y ausencia de precipitaciones en todo el continente —un contexto que también ha provocado una ola de incendios sin precedentes—.
El Danubio, concretamente, es el gran síntoma de la sequía europea. Se trata del motor económico y energético de varios países que ahora ven cómo su caudal bajo mínimos impide mantener el transporte fluvial y afecta a centrales nucleares. Por ejemplo, Austria acumula unas pérdidas agrícolas de unos mil millones de euros. Por su parte, Hungría ha tenido que desconectar siete turbinas de su planta nuclear. La situación es similar en Rumanía, Eslovaquia, Bulgaria y Polonia —aunque, en este último caso, por el nivel bajo del Vístula—.
27 millones de personas con restricciones en el Reino Unido
De la misma manera, el gobierno francés calcula que las pérdidas agrícolas en Francia podrían ser de miles de millones de euros, mientras que en el sur de Italia se ha doblado el coste de irrigación —con el Po, el Tíber y los lagos prealpinos en situación crítica—. El descenso del Rin hasta los 45 centímetros en Colonia ha paralizado el transporte de mercancías en Alemania, a la vez que ha afectado a cultivos como el trigo y la colza. Por otra parte, el Reino Unido ha sufrido el mes de julio más seco desde que existen registros y la sequía afecta a tres cuartas partes de Inglaterra, además de todo Gales. En total, 27 millones de personas con restricciones de agua y muchos ríos con caudales excepcionalmente bajos. Para más inri, se ven imágenes inéditas: jardines de color amarillo.
En el Estado español, llama la atención la bajada de las reservas de agua: si en mayo estaban al 84,2%, en julio habían caído hasta el 66,2%. Más de lo mismo en Portugal, con el río Lima al 52% cuando debería estar al 65%. En Suiza, la falta de precipitaciones ha provocado el cierre de estaciones de esquí de verano y ha dificultado el abastecimiento de agua para el ganado, mientras que en Bélgica se ha hecho un llamamiento a dejar de llenar piscinas y regar jardines, con el Mosa con diez veces menos agua de lo habitual. En los Balcanes, Croacia, Serbia y Bosnia-Herzegovina han sufrido graves daños agrícolas, y Albania ha tenido que importar electricidad por 41,5 millones de euros solo en el mes de julio. Y, si nos fijamos en los efectos invisibles de la sequía, veremos que los prados de inundación de los ríos han perdido diversidad de insectos.
Imagen principal: el pantano Hanningfield, en el Reino Unido, bajo mínimos esta semana / EFE