El estrecho de Ormuz se ha convertido en uno de los principales escenarios de la guerra entre Irán y Estados Unidos. Después de semanas de declaraciones contradictorias sobre quién controla esta vía marítima estratégica, los datos sobre el tráfico de barcos apuntan a un cambio: Teherán está perdiendo capacidad para imponer sus condiciones, mientras Washington refuerza su presencia naval en la zona.
Según datos de Kpler, empresa especializada en el seguimiento del transporte marítimo y de los mercados energéticos, más del 80% de los barcos que han atravesado el estrecho durante las últimas dos semanas lo han hecho por la ruta situada frente a la costa de Omán. Se trata de un canal de navegación autorizado por las Naciones Unidas que Irán rechaza.
Hace solo un mes, prácticamente no había tráfico por esta ruta. Ahora, sin embargo, cada vez más barcos optan por desafiar las advertencias iraníes y navegar bajo la protección de las fuerzas navales estadounidenses. "Parece cada vez más que Irán ha perdido al menos parcialmente el control del estrecho", ha afirmado Homayoun Falakshahi, responsable del análisis del crudo en Kpler.
Las consecuencias económicas
El cambio de rumbo también tiene consecuencias económicas. La reducción del tráfico por la ruta preferida por Teherán ha limitado su capacidad para cobrar peajes a los barcos, una práctica que Irán había utilizado durante la primavera. Según el analista Dan Pickering, de Pickering Energy Partners, la ruta omaní es actualmente la opción que ofrece más garantías a los operadores.
La situación, sin embargo, es más compleja que el relato que ofrecen los dos bandos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha asegurado que Washington tiene "control total" del estrecho, pero esta afirmación no encaja completamente con los datos disponibles. Irán sigue atacando barcos y el tráfico de petróleo todavía se encuentra por debajo de los niveles previos a la guerra.
Además, una parte del tráfico podría no quedar registrada por los sistemas convencionales de seguimiento. Algunos grandes petroleros han apagado sus transpondedores durante semanas para evitar ser detectados, un fenómeno conocido como "tráfico oscuro".
A pesar de esta falta de visibilidad, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, afirmó la semana pasada que el volumen combinado de petróleo que atraviesa Ormuz y el que es desviado por otras rutas llegaba a los 15 millones de barriles diarios. La cifra se acerca a los cerca de 20 millones de barriles diarios que circulaban antes de la guerra.
En paralelo, Omán e Irán mantienen conversaciones para restablecer la libertad de navegación en el estrecho, sin la participación de Estados Unidos. El resultado de estas negociaciones podría alterar de nuevo el equilibrio en la zona.
Por ahora, los datos apuntan a una conclusión matizada: Irán no ha perdido completamente el control de Ormuz, pero sí que parece haber perdido capacidad para condicionar el tráfico como lo hacía hace solo unas semanas. Y esto puede convertirse en uno de los primeros indicadores de un cambio en el equilibrio de fuerzas de la guerra.