El precio de la luz es como estos (o estas) que se pasan la vida explicando sus grandes proezas sexuales: cuando piensas que ya no lo pueden superar, ¡patapam! Siempre más. La diferencia es que a los de las (y a de las) proezas se les va todo por la boca y esto de la luz se nos va, también, sí, pero por el bolsillo. El nuestro. Y en esta competición atlética sin final donde cada día tenemos un récord, este jueves estamos de enhorabuena y alcanzamos una nueva marca mundial con el precio del megavatio/hora en 122,70€ y superando el anterior récord del pasado 13 agosto que fue de 117,20€. Como puede comprobar no nos privamos de nada y los batimos de cinco euros y medio en cinco euros y medio.

Y ahora usted me preguntará: "Oiga, ¿por que caray es tan caro el precio de la luz?". Buena pregunta, pero ya le he dicho otras veces que no tengo la respuesta. De hecho, creo que no la tiene nadie. Porque cuando sale un experto en desarrollar la idea conocida con el nombre de "ahora le explicaré yo por qué pagamos la luz a precio de billete para viajar al espacio", notas que aquel ser humano se esfuerza mucho en decir cosas, y muy seguidas, pero la cara que hacemos los otros es como cuando nos explican la rebaja de sueldo de según qué jugadores de fútbol que resulta ser un pago diferido.

Total, resumen de lo visto hasta ahora. Primero el precio de la luz subía porque hacía mucho y mucho frío, la gente tenía que calentarse, aumentaba la demanda y ya se sabe cómo funciona eso del mercado, ¿verdad? Después resultó que el precio también subía cuando hacía mucho y mucho calor porque la gente tenía que enfriarse y la demanda y el bla, bla, bla. Pero hemos llegado a un punto en que el precio de la luz sube haga un frío que pseee o una calor que psaaa. Vaya, que ni hay que estar en Siberia ni en el Sáhara para recibir una factura de la luz que te hiela en invierno y te tuesta en verano. Y nunca al revés.

Y ahora la culpa es del gas. Se ve que necesitamos gas para fabricar luz y el gas está muy caro. ¡Ah caray! A ver, como usted ya sabe yo no soy epidemiólogo, pero quizás la solución sería dejar de fabricar la luz con gas. O enchufar directamente la lavadora al contador del gas. Pero volvamos a la factura, eso que los caricatos le llaman la fractura. Por el precio, ¿sabe? Hay dos tipos. La una funciona con tarifa variable y, por lo tanto, fluctúa al ritmo de los récords, con lo cual siempre acabas pagando mucho. La otra es de tarifa plana y, parecería, que eso permite un precio más estable. Pero, ¿eso es así? ¡Pues nooooo! ¡¡¡Chorprecha!!!

Veinticinco (SÍ VEINTICINCO) empresas comercializadoras han aprovechado que estábamos despistados con los cambios de tarifa horaria para cobrarnos un 30% más. Y sin informarnos de que lo hacían, que es como se hacen las cosas por aquí. Y si después te pillan, dices que ha sido un error y que cuando puedas ya devolverás el dinero cobrado de más. ¡SEN-SA-CI-O-NAL! Pero, hablando de dinero, una de las cosas que más me fascina de esta historia, aparte de eso de las puertas giratorias que realmente son un ventilador a toda castaña, es el sueldo de la señora Red Eléctrica de España, la empresa que tiene el monopolio del transporte de la electricidad.

En total son 399.170€ anuales como presidenta no ejecutiva de la compañía, 130.742€ por pertenecer a su consejo de administración (el de la compañía, no el de sí misma) y 1.500€ como dieta de asistencia a cada una de las once sesiones ordinarias anuales. En total son 546.000€ anuales. ¿Y, quien cobra esta simpática cantidad? ¿Una persona mundialmente experta en transportar electricidad? Pues sí. La presidenta de la cosa es la señora Beatriz Corredor, con un currículum que es pura electricidad: licenciada en derecho, registradora de la propiedad, concejala del PSOE en Madrid y ministra de Vivienda. Vaya, lo más coherente en un mundo como el eléctrico, donde todo se entiende perfectamente. Desde la composición de la factura y los motivos por los cuales pagas la cantidad que aparece, hasta el sueldo y los motivos por los cuales lo cobra quien manda en eso transportar la luz. Más coherencia imposible.