Así podemos resumir cómo estamos respecto al nuevo coronavirus. Porque nos pasamos el día hablando de él, y en el fondo, la información cambia cada instante. 

Pero es posible ir teniendo más o menos alguna idea que pueda servirnos para hacer un compendio de lo que ya parece que podemos ir dando por comprobado. 

El virus no sólo afecta a las personas mayores y con algún tipo de patología previa. Es cierto que a este perfil le hace más daño, la mortalidad es más alta entre este grupo, pero el virus afecta a gente joven y también a niños. 

Los niños, aunque se sigue estudiando el comportamiento en ellos, transmiten el virus. Se supone que lo pasan de manera más suave que la mayoría de la gente, pero algunos están teniendo complicaciones. Se sigue estudiando por qué en algunos casos se desatan síntomas como los del síndrome de Kawasaki o el shock pediátrico. Los casos son de momento pocos, pero las últimas semanas ya se ha dado la voz de alerta en distintos países al observar inflamaciones en órganos como el corazón de algunos pequeños. 

Sabemos ya que afecta más a los hombres que a las mujeres. Sobre todo si son mayores y tienen complicaciones. En las UCI, alrededor del 70% de las personas ingresadas son del género masculino, y también a ellos les causa la muerte en más ocasiones. 

Que esto es más letal que la gripe ya se ha afirmado también. Contrariamente a quienes en un principio intentaban compararlo, ahora ya se sabe que este virus se contagia con mucha más facilidad y que su letalidad es diez veces superior a la de la gripe estacional. Además, en Alemania, por ejemplo, acaban de comprar partidas extra de vacunas contra la gripe de cara al próximo otoño, porque se sabe que si ambos virus coinciden el efecto puede ser devastador. 

Se sabe que en personas sanas, cuando se infectan, suelen tardar en darse cuenta de que pierden capacidad pulmonar. Cuando notan dificultades para respirar y van al hospital, los expertos dicen que suele ser tarde. Lo ideal es que en los primeros síntomas se realicen pruebas que midan el oxígeno para poder actuar a tiempo. 

Se sabe también que comienzan a registrarse afecciones neuronales. Según un estudio, sucede en uno de cada tres casos. Pueden ir desde dolores de cabeza, pasando por hormigueo de las extremidades a casos más complicados como afecciones cerebrales. 

Está comprobado que usar mascarillas previene la propagación. Que el virus permanece en el aire y en las superficies. La temperatura, los rayos del sol y la humedad pueden ayudar a reducirlo, pero no a eliminarlo. 

No está claro que la nicotina bloquee la infección. Pero en Francia ya están estudiando por qué hay menos personas infectadas en el grupo de los fumadores. De hecho están haciendo pruebas con parches de nicotina, pues según algunos estudios, podría ser un bloqueador en las células que evitaría la infección de la Covid-19.

Por el momento hay dudas, la mayoría. Porque no se conoce aún si una vez superada la enfermedad se adquiere inmunidad. Algunos expertos ya apuntan al hecho de que podrían darse casos de infecciones repetidas en una misma persona y los casos estudiados apuntan al hecho de que en ellos la nueva infección puede ser más complicada que la anterior. 

Se sabe también que habrá nuevos brotes más adelante. Que serán más severos y más complicados. Y que lo mejor que nos puede pasar es que, si tenemos que pillar el “bicho”, sea cuando haya algún tratamiento preventivo o al menos que reduzca los efectos de la infección. 

Se sabe que nada sabemos, porque este virus ha venido para quedarse, al menos un tiempo. Y de momento lleva pocos meses entre nosotros, por lo que se desconoce su evolución. Pero haciendo un repaso y echando la vista atrás, podemos estar seguros de que esto era peor de lo que parecía, y que ante la duda, la prudencia y la prevención es siempre la mejor apuesta.