Repostar combustible es una acción aparentemente sencilla y rutinaria, pero no siempre se realiza de la forma más eficiente. En las estaciones de servicio es habitual observar cómo muchos conductores continúan apretando la manguera después del primer corte automático, convencidos de que así llenan más el depósito y optimizan la visita al surtidor. Sin embargo, los especialistas en automoción advierten de que esta práctica no solo es innecesaria, sino que puede resultar contraproducente.

No es ningún secreto que existe la percepción de que “cuanto más lleno, mejor”. La lógica parece clara: si se logra introducir unos litros adicionales tras el primer salto, se obtendrá mayor autonomía y se retrasará la siguiente parada para repostar. Pero el funcionamiento técnico del sistema de llenado y del propio depósito está diseñado precisamente para evitar ese sobrellenado.

El primer salto no es casual

El corte automático de la manguera responde a un mecanismo que detecta cuándo el combustible alcanza el nivel óptimo dentro del depósito. Ese primer “clic” no significa que quede un amplio margen sin aprovechar, sino que el espacio destinado al combustible útil ya está completo. A partir de ese momento, el depósito conserva un pequeño volumen reservado para la expansión del carburante.

Forzar la entrada de más gasolina tras el primer corte no garantiza que ese combustible adicional se traduzca en mayor autonomía real. En muchos casos, parte del líquido se acumula en el conducto de llenado o invade zonas destinadas a la gestión de vapores. Lo destacable en este caso es que los vehículos actuales incorporan sistemas específicos para controlar las emisiones evaporativas, y su funcionamiento puede verse alterado si se satura el circuito por un llenado excesivo.

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Cuando se sobrepasa el nivel recomendado, también aumenta el riesgo de evaporaciones innecesarias. La gasolina es un producto volátil que genera vapores con facilidad, especialmente en condiciones de alta temperatura. El depósito necesita un margen de aire para gestionar esa expansión. Si se elimina ese espacio al insistir tras el primer salto, el sistema puede trabajar bajo mayor presión de la prevista.

Impacto en el consumo y en la mecánica

Más allá de los aspectos técnicos, insistir en el llenado puede alterar la referencia real del consumo. Muchos conductores calculan el gasto medio en función de los litros introducidos en cada repostaje. Si en una ocasión se apura hasta el límite y en otra se respeta el primer corte, los datos dejan de ser homogéneos y el cálculo pierde precisión.

Cabe destacar que la diferencia efectiva de combustible añadida tras el primer corte suele ser reducida. En la mayoría de los casos se trata de una cantidad mínima que apenas modifica la autonomía total. La percepción de haber llenado “más” responde más a una sensación psicológica que a un beneficio tangible en kilómetros recorridos.

Además, la repetición de esta práctica puede provocar a largo plazo pequeñas incidencias en el sistema de ventilación del depósito o en los componentes relacionados con la gestión de vapores. Aunque no siempre genera averías inmediatas, sí supone un uso que se aleja de las especificaciones previstas por el fabricante.

Repostar de forma eficiente implica respetar el diseño del vehículo y confiar en el funcionamiento del surtidor. Detener el llenado en el primer corte automático garantiza que el nivel es el adecuado, mantiene el margen necesario para la expansión del combustible y preserva la fiabilidad del sistema. En un contexto donde la eficiencia se mide en cada detalle, también la forma de repostar influye en el resultado final.