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Las guerras suelen acabar con largas negociaciones, cumbres internacionales y solemnes ceremonias diplomáticas para escenificar firmas históricas. La guerra entre Estados Unidos e Irán, en cambio, parece haber encontrado un final mucho más propio del estilo Trump: una firma improvisada, de noche, sin anuncio previo y en medio de una cena en el Palacio de Versalles, con el documento donde el presidente estadounidense estampó la firma sobre el mantel, rodeado de platos, copas y alguna mancha... . "Está firmado (...) lo firmé en Versalles", respondió lacónicamente el presidente estadounidense cuando los periodistas le preguntaron por el acuerdo que debe poner fin a más de tres meses de guerra en Oriente Medio. Ni rueda de prensa solemne, ni fotografía oficial con las dos delegaciones. Fue su asesor Dan Scavino quien acabó revelando los detalles, compartiendo un vídeo en la red X. Las imágenes muestran a Trump firmando el documento ante el presidente francés, Emmanuel Macron, que responde con aplausos antes de que el memorándum fuera enviado electrónicamente a Teherán. La firma se produjo en medio de una cena oficial en Versalles, el mismo palacio donde se firmaron algunos de los grandes tratados que han marcado la historia europea. La imagen no ha pasado desapercibida: Trump rubricando un acuerdo de paz junto a Macron en uno de los escenarios más simbólicos de la diplomacia mundial.

Un acuerdo firmado ante los líderes del G7

El plan original preveía una ceremonia formal en Zúrich el viernes, con representantes de Estados Unidos, Irán y los mediadores pakistaníes. De hecho, varios medios y fuentes diplomáticas habían informado de que aquel acto serviría para escenificar el acuerdo ante la comunidad internacional. Pero finalmente Irán decidió no desplazarse en Suiza y optó por la firma electrónica del memorándum. Trump aprovechó su presencia en Francia con motivo del G7 para firmar también el documento en Versalles, dos días antes de la fecha prevista. El que tenía que ser una solemne fotografía diplomática en Suiza acabó convirtiéndose en una firma improvisada en Versalles. Así, la fotografía de Trump firmando junto a Macron ya forma parte de las imágenes icónicas de este conflicto. No tanto por la solemnidad del acto como por su singularidad. Una guerra que ha dejado más de 7.000 muertos, ha disparado los precios de la energía y ha sacudido la economía mundial, ha terminado, al menos de momento, con una firma improvisada en uno de los palacios más famosos del mundo. Una escena difícil de imaginar en cualquier otro presidente que no fuera Donald Trump.

La singularidad del episodio no termina aquí. La paradoja es que cuando Trump cogió el bolígrafo, Irán ya había firmado. El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní había validado horas antes el documento mediante firma electrónica y había descartado participar en la ceremonia presencial que inicialmente se había planteado en Zúrich. Así, cuando Trump estampó su firma en Versalles, el memorándum ya estaba prácticamente en vigor. Poco después, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, país que ha ejercido de mediador durante meses entre Washington y Teherán, anunció que el denominado Memorándum de Entendimiento de Islamabad había sido ratificado por ambas partes y entraba en vigor de manera inmediata. "Me honra anunciar que el histórico Memorándum de Entendimiento de Islamabad ha sido firmado electrónicamente hoy entre Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán", escribió Sharif en las redes sociales. Por ello, más que una ceremonia de firma tradicional, la escena de Versalles tuvo un importante componente simbólico: escenificar ante los líderes del G7 que Estados Unidos e Irán habían acordado, al menos de manera provisional, poner fin a la guerra iniciada el 28 de febrero. Algunos diplomáticos presentes en la cumbre del G7 comentaban con ironía que el presidente estadounidense había convertido una cena de Estado en una especie de despacho improvisado de política exterior.

¿Qué establece el memorándum?

El acuerdo firmado es, en realidad, un memorándum de entendimiento de 14 puntos que abre una fase de negociaciones de 60 días para intentar llegar a un pacto definitivo. Durante este periodo, ambas partes se comprometen a mantener el alto el fuego y a negociar aspectos especialmente sensibles, como el programa nuclear iraní y el levantamiento de las sanciones económicas. Entre los puntos más destacados figuran el cese inmediato de las operaciones militares, la reapertura del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo internacional, el levantamiento progresivo del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes, el desbloqueo de activos financieros iraníes congelados, la elaboración de un plan de reconstrucción valorado en 300.000 millones de dólares, el compromiso de Irán de no desarrollar armas nucleares.

Un acuerdo con muchas concesiones

El estrecho de Ormuz es una pieza clave del acuerdo. Por este paso marítimo transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, y su cierre durante la guerra había provocado fuertes tensiones en los mercados energéticos internacionales. Precisamente este es uno de los aspectos que más debate ha generado en Estados Unidos. Después de meses asegurando que quería destruir el programa nuclear iraní, acabar con su capacidad balística y debilitar el régimen de los ayatolás, Trump ha acabado aceptando un acuerdo que deja intactos algunos de los principales pilares del sistema iraní.

Uno de los puntos más sensibles del acuerdo afecta al programa nuclear iraní. Teherán se compromete a no fabricar armas nucleares, una promesa que las autoridades iraníes aseguran que han mantenido durante décadas, pero que Occidente ha puesto repetidamente en duda. Además, Irán acepta someter sus reservas de uranio enriquecido a un sistema de control internacional bajo la supervisión del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Finalmente, el material nuclear no abandonará el país, una línea roja que Teherán no estaba dispuesto a cruzar. De hecho, Trump había exigido inicialmente que las reservas fueran trasladadas fuera de Irán, pero el régimen de los ayatolás rechazó esta posibilidad y acabó imponiendo su posición en las negociaciones. 

El gobierno de Teherán continúa en el poder, conserva parte de sus infraestructuras estratégicas y obtiene a cambio el levantamiento de sanciones que podrían representar miles de millones de dólares. Varios analistas interpretan el pacto como una muestra de las dificultades que afrontaba la Casa Blanca. El encarecimiento de la gasolina en Estados Unidos, la proximidad de las elecciones legislativas de noviembre y la imposibilidad de normalizar el tráfico por el estrecho de Ormuz habían convertido la guerra en un problema político creciente para Trump.

La paz... pero con amenazas

A pesar de la firma, Trump no ha renunciado a su retórica habitual. Durante la cumbre del G7 en Francia, advirtió que Estados Unidos reanudará los bombardeos si Irán incumple los compromisos adquiridos. "Los bombardearemos sin piedad si violan el acuerdo", afirmó ante los periodistas. Esta combinación de mano tendida y amenazas resume bien la estrategia del presidente estadounidense: presentarse como el hombre que ha terminado una guerra, pero manteniendo la presión sobre Teherán mientras se negocia el pacto definitivo.