Ucrania se queda sin Patriots: tiene los escudos, pero no los misiles para dispararlos

Ucrania tiene uno de los sistemas de defensa antiaérea más valiosos del mundo, pero cada vez tiene menos munición para hacerlo funcionar. Un lanzador Patriot descansa en medio de un campo de maíz, con sus tubos vacíos. Hace semanas que no dispara. No porque el sistema no funcione, sino porque Kyiv se está quedando sin interceptores.

La CNN, que ha sido el primer medio en acceder a una batería Patriot desplegada en territorio ucraniano, ha documentado esta paradoja. Por motivos de seguridad, el medio no ha revelado ni el modelo del sistema ni su ubicación. Uno de los ingenieros, identificado solo como Dmitro, explica a la cadena norteamericana que el lanzador que supervisa no dispara desde hace seis semanas. La situación es especialmente crítica porque los Patriot son uno de los pocos sistemas capaces de interceptar determinados misiles balísticos rusos.

Dmitro explica a la CNN que la primera vez que se quedó sin interceptores fue en diciembre de 2025. "Es como saber andar, pero no poder hacerlo", resume. Su unidad puede detectar las amenazas y dispone de los lanzadores, pero sin munición la capacidad de defensa queda reducida a cero.

Un julio más mortífero desde mayo de 2022

El problema no es solo ucraniano. La guerra con Irán ha agravado una escasez global que ya era preocupante. Durante los primeros cuatro días del conflicto, las fuerzas de la coalición llegaron a utilizar una media de 225 interceptores diarios, según datos del Foreign Policy Research Institute citados por la CNN. La cifra contrasta con la capacidad de producción: Lockheed Martin fabricó 620 interceptores en 2025, unos 1,7 al día.

La desproporción es reveladora. En solo cuatro días, el consumo de la coalición habría multiplicado por más de 500 la producción diaria del año anterior. Y los Patriot no son una munición que se pueda reponer rápidamente: requieren una cadena industrial compleja y tecnología altamente especializada.

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Patriot / Efe

En enero, el Pentágono firmó con Lockheed Martin un acuerdo de siete años para elevar la producción hasta los 2.000 interceptores anuales en 2030. Pero Ucrania no puede esperar hasta entonces. El presidente Volodímir Zelenski asegura que el país necesita el equivalente al 5% del stock norteamericano para afrontar el invierno, mientras que actualmente solo dispondría de aproximadamente el 1%.

Kyiv busca, por ello, una salida industrial. Zelenski ha propuesto a Raytheon y Lockheed Martin fabricar los interceptores en Ucrania bajo licencia norteamericana, con las empresas de EE. UU. manteniendo el control de la futura planta. En junio, el presidente de EE. UU., Donald Trump, abrió la puerta a conceder esta licencia durante la cumbre de la OTAN en Ankara. Posteriormente, sin embargo, la Casa Blanca advirtió que no había ninguna garantía y que la protección de la tecnología norteamericana era prioritaria.

La urgencia es evidente. Los ataques rusos han sometido a Ucrania a una presión creciente y julio fue, según los datos citados por la CNN, el mes más mortífero para los civiles desde mayo de 2022. El Patriot se ha convertido así en el símbolo de un problema que va mucho más allá de Ucrania: en una guerra moderna, disponer de la tecnología adecuada no es suficiente. También hay que tener suficientes misiles para utilizarla. Y esta es precisamente la batalla que Kyiv está perdiendo ahora.