Con la llegada del portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald Ford, en Oriente Medio, el ataque de Estados Unidos a Irán está más cerca que nunca. Los representantes de la República Islámica consideraron el jueves que se produjeron “buenos avances” en la reunión celebrada en Ginebra con los enviados de la Casa Blanca, pero, más allá de las palabras, los hechos indican lo contrario. El New York Times ha revelado que el embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, ha enviado un mensaje a sus trabajadores en el que les advierte que, si quieren salir del país, lo "hagan HOY", ante un posible inicio de un conflicto en la región. El mismo medio informa que el enviado de Washington ha mantenido en las horas previas al comunicado interno varias llamadas con miembros del Departamento de Estado de Estados Unidos. "Concentraos en conseguir un billete a cualquier lugar desde donde podáis continuar vuestro viaje a Washington, pero la prioridad es salir del país rápidamente", se lee en el mensaje.

Otro hecho que apunta a un ataque inminente llega desde uno de los aliados de Irán. La embajada de China en el Estado persa también ha instado a sus ciudadanos a marcharse lo antes posible. "Dada la actual situación de seguridad en Irán, el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Embajada y los Consulados de China en Irán recomiendan a los ciudadanos chinos que no viajen a Irán, y a los que ya se encuentran en el país que refuercen sus medidas de seguridad y evacúen lo antes posible" ha comunicado la misión diplomática. El texto menciona que la República Islámica "se ha enfrentado recientemente a un aumento significativo de los riesgos de seguridad externa". Pekín es el aliado más poderoso de Teherán; mantiene una comunicación directa con el régimen del ayatolá Ali Khamenei y lo apoya en la "protección de la soberanía". Ahora bien, el gigante asiático no ha ido más allá del apoyo verbal en la actual crisis.

Despliegue militar masivo

Hay más hechos que apuntan a un estallido de la violencia tarde o temprano. El actual despliegue militar de Estados Unidos en Oriente Medio no tiene precedentes desde la invasión de Irak en 2003. Con la llegada del USS Gerald Ford, la Marina norteamericana dispone de 2 portaaviones desplegados; 15 destructores; 4 submarinos; y 10 buques de otros tipos. En total, las embarcaciones acumulan un total de 600 misiles Tomahawk que podrían ser lanzados a Irán. Además, en las bases de Estados Unidos en la región —como la de Al Udeid en Qatar— hay desplegados más de 200 aviones de combate y casi un centenar de aeronaves de asistencia e inteligencia. Todo ello sin tener en cuenta los bombarderos B-2 Spirit, los cazas de combate definitivos, que pueden ejecutar vuelos transcontinentales sin llenar el depósito, como ya hicieron en el ataque del pasado mes de junio.

La Casa Blanca, con Donald Trump a la cabeza, le ha dado un ultimátum al régimen islámico con condiciones inasumibles. El presidente estadounidense —que rompió los acuerdos nucleares que Obama había alcanzado con Irán— exige el enriquecimiento cero de Teherán, que limite su arsenal de misiles y que deje de apoyar a sus milicias aliadas en Oriente Medio, como los hutíes y Hezbollah. El ayatolá se niega. En caso de obedecer a Trump, un país como Irán, que se basa en la represión institucionalizada y el poder militar, quedaría reducido a la nada en este aspecto. Incluso si Khamenei estuviera dispuesto a aceptar las condiciones de la Casa Blanca para diluir las posibilidades de un ataque y que las sanciones fueran levantadas, la Guardia Revolucionaria no se lo permitiría. 

Los iraníes se preparan para los ataques

Por todo ello, los iraníes ya se preparan para una guerra. Muchos vecinos de Teherán han acumulado grandes cantidades de alimentos, han comprado linternas y baterías externas y han retirado dinero en efectivo de los cajeros. "Hay gente que piensa que una guerra con Estados Unidos provocará la caída de la República Islámica, pero mira Afganistán, Irak o Libia, estas cosas no salen bien", explica a la agencia EFE una mujer que trabaja para un organismo internacional y que se ha preparado por si al final estalla un conflicto. "No quiero una guerra", asegura. "Hace semanas que vivimos con la amenaza de un ataque", explica otro iraní bajo la condición del anonimato mientras se corta el pelo en una peluquería. Con 60 años, es profesor de universidad y reconoce que el despliegue militar del ejército estadounidense es impresionante, pero asegura que el país aguantará un conflicto eventual. “Ya vivimos la guerra de Irak y sobrevivimos”, recuerda.