El Ártico vuelve a situarse en el centro del debate internacional como nunca. La insistencia del presidente estadounidense, Donald Trump, porque Estados Unidos anexione Groenlandia ha despertado incredulidad mundial, pero lo que muchos consideran una excentricidad forma parte de una tensión geopolítica que dura décadas. En este polo del planeta, Rusia ha consolidado su hegemonía, controlando aproximadamente la mitad de la tierra y de la zona económica exclusiva marítima del círculo Ártico, donde residen dos tercios de los habitantes de la región y donde se genera también dos tercios de su PIB.

El peso militar ruso es una preocupación creciente. Según datos de la Simons Foundation, Rusia cuenta con 30 bases militares activas en el Ártico, mientras que los países de la OTAN con territorio ártico suman 36, repartidas entre Noruega, Estados Unidos, Canadá, Groenlandia e Islandia. Aunque las capacidades de Rusia no igualan las de la Alianza, la escala y el ritmo de expansión militar son notables. La flota de submarinos nucleares, radar, drones y misiles árticos ha sido modernizada, a pesar de que Moscú todavía lucha en Ucrania, demostrando que el Ártico es una prioridad permanente.

El Ártico, después de la Guerra Fría

Durante años, después de la Guerra Fría, parecía que la región podía ser un terreno de cooperación. El Arctic Council, fundado en 1996, acercó a Rusia a los otros siete estados árticos, trabajando en biodiversidad, clima y derechos de pueblos indígenas. Incluso hubo intentos de cooperación en seguridad, hasta que la anexión de Crimea en 2014 rompió las relaciones. Con la invasión a gran escala de Ucrania en 2022 y la entrada de Finlandia y Suecia en la OTAN, el Ártico se ha dividido en dos mitades: una bajo influencia rusa y otra bajo la de la Alianza Atlántica.

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Trump ha justificado su interés por Groenlandia apelando a la seguridad nacional, diciendo que Rusia y China podrían amenazar la isla. Además, la geopolítica se complica con la presencia activa de Pekín, que se define como un “estado casi ártico” y promueve su Ruta Polar de la Seda para el tránsito marítimo. En 2024, Rusia y China iniciaron patrullas conjuntas en la región, reforzando la alianza en un entorno ya competitivo.

El cambio climático y los cambios de paradigma

El cambio climático, sin embargo, es el catalizador real de la carrera. El Ártico se calienta cuatro veces más rápido que la media mundial, y la disminución del hielo marino abre rutas de navegación antes intransitables. La Northern Sea Route al norte de Rusia y el Northwest Passage en América del Norte han pasado de ser prácticamente impracticables a ser utilizables durante el verano, reduciendo el tiempo de navegación entre Asia y Europa a la mitad del que tarda vía canal de Suez. Rusia ha intensificado el uso de la ruta norte para exportar petróleo y gas hacia China, tras quedar aislada de clientes europeos por las sanciones.

Además del tráfico marítimo, el Ártico es un almacén potencial de minerales. Groenlandia podría contener carbón, cobre, oro, tierras raras y zinc. Pero la extracción es extremadamente costosa y compleja: los yacimientos se encuentran en zonas remotas por encima del círculo polar, cubiertas por una capa de hielo de casi un kilómetro y con oscuridad gran parte del año. Los expertos describen como “completamente descabellada” la idea de que estos recursos puedan explotarse fácilmente para el beneficio de los Estados Unidos.

El debate sobre el Ártico combina, así, tres vectores: seguridad militar, oportunidades económicas y urgencia climática. Rusia domina la región física y económicamente, China busca influencia y Estados Unidos, liderados por Trump, quieren recuperar protagonismo estratégico, con Groenlandia como epicentro simbólico. En paralelo, la comunidad internacional observa con alarma el impacto ambiental y la vulnerabilidad de los pueblos autóctonos. Lo que parece una excentricidad presidencial es, en realidad, un capítulo más de la compleja competencia global por el Ártico, donde los intereses geopolíticos, económicos y ambientales convergen a niveles inexplorados.