Groenlandia ha comenzado a preparar a su población para posibles situaciones de emergencia. El gobierno ha presentado esta semana en Nuuk un folleto informativo con una lista de productos básicos para que los ciudadanos puedan resistir al menos cinco días sin ayuda exterior. El documento, titulado *Preparados para la crisis. Preparados para cinco días*, se dirige a una población de poco más de 57.000 habitantes dispersa en un territorio inmenso, de 2,1 millones de kilómetros cuadrados, gran parte cubierto de hielo.

La iniciativa recuerda otras campañas de preparación civil impulsadas en el norte de Europa, especialmente en Finlandia, pero el contexto groenlandés es singular. La isla ártica combina una elevada dependencia logística, infraestructuras frágiles y una posición geoestratégica cada vez más central en el escenario internacional. El folleto no habla de guerra, pero tampoco la ignora.

La lista de recomendaciones es extensa y muy concreta. Incluye reservas de agua –tres litros por persona y día–, alimentos no perecederos y fáciles de preparar, material de primeros auxilios y productos de higiene básica. También se mencionan herramientas adaptadas a la realidad local, como armas de caza, munición y equipos de pesca, así como estufas de queroseno, generadores de emergencia, linternas, pilas y radios de pilas. El gobierno recomienda disponer de dinero en efectivo, baterías externas para el móvil y una lista en papel con teléfonos esenciales. Además, el documento dedica un apartado específico a familias con niños, ancianos o personas con necesidades especiales.

Garantizar la protección civil ante emergencias

Según el Ministerio de Pesca, Caza y Agricultura, el objetivo es reforzar la resiliencia de la población y garantizar una protección civil más sólida ante emergencias diversas, desde fenómenos meteorológicos extremos hasta apagones, relativamente habituales en la isla. El mensaje oficial insiste en la prevención, no en la alarma, y se enmarca en las directrices que el gobierno danés ya distribuye entre su población desde el año pasado, adaptadas ahora a la realidad groenlandesa.

A pesar de este tono medido, el contexto político pesa. El presidente de la isla, Jens-Frederik Nielsen, ya advirtió días antes que había que “estar preparados para todas las eventualidades”, en un momento en que Donald Trump ha vuelto a insinuar la posibilidad de hacerse con el control de Groenlandia por motivos de seguridad. Nielsen ha evitado el discurso catastrofista, pero ha reconocido que no se puede descartar ningún escenario mientras la otra parte mantenga la presión verbal.

Su predecesor y actual socio de coalición, Múte B. Egede, ha ido más allá al hablar de una creciente presión de los Estados Unidos. El gobierno autonómico, que integra fuerzas de signo diverso, incluido el independentismo moderado, coordina estos preparativos con la policía, el Mando Ártico danés y las autoridades locales.

Mientras tanto, desde Copenhague el mensaje es inequívoco. El gobierno danés ha rechazado cualquier negociación sobre una eventual adquisición de la isla. La integridad territorial, insisten, no es negociable. Groenlandia se prepara para resistir cinco días sin ayuda. Pero, políticamente, su horizonte es mucho más largo.